Mi magnífica ruta de 2 semanas por el Este de Canadá en coche de alquiler

¿Quieres que te cuente mi magnífica ruta de 2 semanas por el Este de Canadá por libre, alquilando un coche? Sigue leyendo….

logotipo de Rumbo y Seguido

Recorrer el Este de Canadá al inicio del verano fue un acierto: la temperatura es muy agradable y tienes luz casi hasta las diez de la noche. 

Aunque estoy segura de que el país tiene su encanto en cualquier época, para nosotros estas fechas fueron ideales.

Del 27 de junio al 10 de julio de 2025 vivimos 14 días intensos entre rascacielos, cataratas y parques nacionales, sin olvidar el Fiordo del Saguenay.

Como nuestro vuelo aterrizaba y despegaba desde Montreal, diseñé una ruta circular: primero subimos hacia el norte y luego bajamos hacia el sur, pero por caminos distintos. De esta forma, aprovechamos cada kilómetro para ver sitios nuevos sin repetir ningún lugar.

Aquí tienes mi ruta real día a día. Te aseguro que la estudié a conciencia, intentando equilibrar lo que queríamos ver con la realidad del presupuesto, porque siempre hay que elegir y renunciar a lo que no se puede (o no se quiere) pagar. 

Espero que disfrutes el viaje tanto como nosotros. Si estás dudando si ir o no ir, deja de pensarlo: merece la pena totalmente.

Si quieres ver exactamente los kilómetros que hicimos cada día, visita el post Itinerario en kilómetros en nuestra ruta por el Este de Canadá

Índice

Días 1 al 3: Montreal y alrededores

Día 4: Parque de la Mauricie y Lac Bouchette

Día 5: Fiordo del Saguenay y ballenas en Tadoussac

Día 6: Cataratas de Montmorency

Día 7: Quebec

Día 8: Crucero por las Mil Islas

Días 9 y 10: Toronto

Día 11: Cataratas del Niágara

Día 12: Lago Paudash

Día 13: Ottawa

Día 14: Chateau Montebello

Días 1 al 3: Montreal y alrededores (El campo base perfecto)

Para empezar mi ruta, decidí establecer mi campamento base durante las primeras 3 noches en el Hotel Le Rivage, ubicado en un lugar llamado Rosemère, a sólo 30 kms de Montreal.

Hotel Le Rivage, en la localidad de Rosemere. Lugar estratégico para alojarse cerca de Montreal, a orillas del Río Mil Islas
Fachada de nuestro primer hotel en Canadá

Fue una decisión logística clave: está perfectamente ubicado para visitar Montreal a una corta distancia, y es el punto de partida ideal hacia el Parque Omega y Mont-Tremblant, antes de seguir hacia el norte.

Día 1: Llegada y primer contacto

Vistas al río Mil Islas desde la terraza del hotel Le Rivage, cerca de Montreal
Vistas al Río Mil Islas desde la terraza de nuestro hotel

Tras recoger el coche de alquiler en el aeropuerto de Montreal, nos dirigimos directamente al hotel. Esa tarde la dedicamos a pasear por el entorno de Le Rivage, a orillas del Río de las Mil Islas, y rodeados de vegetación. Fue el descanso perfecto tras el vuelo.

Para información completa, visita el post Alquila un coche para recorrer el Este de Canadá

Día 2: Cómo llegamos a Montreal

Interior de la Basílica de Notre-Dame, en Montreal
El maravilloso retablo de la Basílica de Notre-Dame

Nuestro objetivo era evitar el estrés de conducir y buscar aparcamiento en el interior de las grandes ciudades.

Consejo de ahorro y comodidad: El Uber es muy asequible en Canadá. Dejamos el coche aparcado en el hotel y nos movimos así. Por un precio más que razonable, te llevan y traen sin preocuparte por el tráfico y el aparcamiento en el centro de la ciudad.

Qué ver en un día: Aunque sólo le dedicamos un día a Montreal, creo que fue suficiente para captar su esencia: es la mezcla perfecta entre Europa y Norteamérica.

Imprescindible: No se te ocurra irte sin visitar la Basílica de Notre-Dame. Es, sin duda, una de las iglesias más bonitas que he visto nunca.

La mejor foto: Sube al mirador Kondiaronk Belvedere para ver los impresionantes rascacielos desde un lugar estratégico.

Para información completa, visita el post Montreal, una ciudad de contrastes, ¡y de ESCALERAS!

Vistas de la ciudad de Montreal desde el mirador Kondiaronk Belvedere
Vistas de la ciudad desde Kondiaronk Belvedere

Día 3: Del «sustillo» en el Parque Omega al encanto de Mont-Tremblant

Ciervo adulto (venado) frente a nuestro coche en la visita al Parque Omega, en Canadá
Espectacular venado interrumpiéndonos el paso en el Parque Omega

Este día fue muy completo,  pues pasamos en apenas una hora de la fauna silvestre a un pueblo que parece sacado de un cuento suizo. 

Mañana: El Parque Omega.

Salimos temprano del hotel para ser de los primeros en entrar. Recorrer el parque en tu propio coche mientras los alces y ciervos se acercan a la ventanilla para que les des zanahorias es una experiencia única.

Mi consejo: Las risas están aseguradas, pero ten mucho cuidado al abrir la ventanilla. Los animales meterán “literalmente” la cabeza dentro del coche buscando su premio.

Veredicto: Prepárate para algún que otro “sustillo” inicial, pero te aseguro que será una de las experiencias que recordaréis siempre con una sonrisa. Es una parada obligatoria si viajas por esta zona de la provincia de Quebec.

Para información completa, visita el post Parque Omega por libre

Ciervo metiendo la cabeza dentro del coche buscando una zanahoria en el Parque Omega, en Canadá
¡En busca de su zanahoria!

Tarde: Mont-Tremblant. 

Después de la adrenalina con los animales, pusimos rumbo a Mont-Tremblant. Es un pueblo peatonal alpino lleno de colores, flores y una arquitectura preciosa.

Casas de colores en Mont Tremblant, Canadá
Como sacadas de una maqueta

Lo mejor: Aunque es famoso por el esquí, en verano tiene una vida increíble. Pasear por sus calles, subir en el teleférico gratuito (el cabriolet) que cruza el pueblo o simplemente tomar algo viendo el ambiente es ya un planazo por sí mismo. 

La sensación: Volverás enamorado de este lugar, y sólo querrás volver para verlo en invierno, cubierto de nieve. Definitivamente es uno de los lugares  que te harán desear conocer Canadá en época invernal

Para información completa, visita el post Unas horas en Mont-Tremblant

Paseando por las calles de Mont Tremblant, Canadá
Paseando por las calles de un pueblo de cuento

Día 4: El choque visual en el Parque de la Mauricie y Lac Bouchette

Este día fue el descubrimiento de la Canadá que todos tenemos en el imaginario: agua, bosques interminables y una paz absoluta.

Riachuelo en el Parque Nacional de La Mauricie en Quebec, Canadá

Mañana: Parque de la Mauricie

Tuvimos la suerte de visitar este Parque Nacional en un día completamente soleado y con una temperatura magnífica, lo que hizo que los paisajes lucieran aún más bonitos.

Aquí verás los típicos paisajes de postal en los que piensas cuando oyes hablar de Canadá: bosques que parecen no tener fin y lagos de espejo. Sin duda, es otro de los imprescindibles del viaje.

Para información completa visita el post ¿Sólo unas horas para recorrer el Parque de La Mauricie?

Paisaje del Parque Nacional de La Mauricie en Quebec, Canadá
Paisaje de postal en La Mauricie

Tarde: El camino hacia Lac Bouchette

Lac Bouchette, en Quebec, Canadá
Paz absoluta junto al lago Bouchette

En nuestra ruta hacia Tadoussac desde La Mauricie, buscamos un lugar estratégico para hacer noche, ya que la distancia era grande y queríamos ir con calma, para no perdernos nada por el camino ¡Y no pudimos acertar más! El paisaje de esa zona es bucólico, y el hotel elegido para dormir fue una agradable sorpresa.

El paisaje: Todo el trayecto es impresionante, con decenas de lagos apareciendo a uno y otro lado de la carretera.

Nuestra sensación: No os imagináis lo que es para una familia de Almería ver tanta agua y una vegetación tan exuberante. Quizás otros estéis más acostumbrados, pero os aseguro que a nosotros se nos clavó en la retina ese compendio de verde y azul, como si estuviéramos contemplando un cuadro en movimiento. Una experiencia que te deja sin palabras.

Para información completa, visita el post Un remanso de paz en Lac-Bouchette

Atardecer en el Lac Bouchette, en Quebec, Canadá

Día 5: Entre la bruma del Saguenay y el misterio de las ballenas en Tadoussac

Tras el espectáculo de sol del día anterior, la naturaleza nos recordó quién manda aquí: amaneció lloviendo. Pusimos rumbo a Tadoussac bajo el agua, cruzando los dedos para que el tiempo nos diera una tregua.

Primera parada: Ste-Rose-du-Nord (La perla del Fiordo)

Café en Sainte Rose-du-Nord, junto al Fiordo del Saguenay
Un alto en el camino en nuestro viaje a Tadoussac

Nuestra primera parada fue en este diminuto pueblo, uno de esos lugares que parecen haberse detenido en el tiempo. 

No me cabe duda de que con un día despejado las vistas al Fiordo del Saguenay desde aquí deben de ser espectaculares, de esas que te dejan sin aliento. Pero en un día bajo la lluvia, como el que nos tocó a nosotros, es una visita prescindible. Toca recordar que estamos en Canadá, no en Almería. Si buscáis sol garantizado todos los días del verano… ¡entonces tendréis que venir a visitarme a mí!  En el Quebec más profundo, la lluvia es parte del espectáculo.

Mi consejo: Si llueve, ahorra tiempo y sigue hacia Tadoussac. Si hay sol, la foto desde el mirador es obligatoria

Para información completa, visita el post Ten más suerte que nosotros para ver el Fiordo del Saguenay

Vistas del Fiordo del Saguenay en Sainte Rose-du-Nord, Canadá

Tadoussac: El juego del escondite con las ballenas

Al llegar a Tadoussac, la lluvia paró, pero nos recibió una niebla densísima. En el mar, la visibilidad era casi nula y temimos lo peor: ¿cómo íbamos a ver ballenas así?

Iglesia en Tadoussac, el mejor lugar para avistar ballenas en Canadá

La experiencia: El pueblo es muy bonito y el camino hasta allí parece sacado de un cuento, pero ese día no salió como habíamos planeado. Fuimos a ver ballenas, pero debido a la niebla, solo pudimos ver UNA ballena durante apenas 2 SEGUNDOS.

Lo más impactante: Aunque no las veíamos, las oíamos respirar a nuestro lado constantemente. Es una sensación extraña y mágica a la vez; saber que están ahí, escucharlas emerger en la bruma, pero no poder verlas.

Mi recomendación: A pesar de nuestra «mala suerte» con el tiempo, te recomiendo encarecidamente intentarlo. Si vas en un día despejado, la experiencia debe de ser, sencillamente maravillosa.

Aviso para navegantes: ¡Vete abrigado! Lo vas a necesitar… Te aseguro que vas a pasar frío si no llevas ropa adecuada, ¡aunque tú no seas de Almería! En mitad del Río San Lorenzo, el verano canadiense se esfuma…. 

Para información completa, visita el post Rumbo a Tadoussac bajo la lluvia

Casas típicas en Tadoussac, el mejor lugar para avistar ballenas en Canadá
Casas típicas de Tadoussac

Día 6: Cataratas de Montmorency y llegada a la mágica Quebec

Vista de las Cataratas de Montmorency desde su base

De camino a Quebec, hicimos una parada obligatoria en esta espectacular cascada. Aunque el hecho de tener tan cerca las Cataratas del Niágara le ha restado protagonismo, os aseguro que merece la pena pasar unas horas disfrutando del lugar.

El desafío de la altura

Su altura es impresionante y lo mejor es que puedes verla también desde arriba, desde un puente colgante que la cruza (no te asustes, que no es nada peligroso, aunque la palabra “colgante” asuste un poco)

¿Cómo subir?: La forma habitual es el teleférico, pero si te sientes con fuerzas, puedes intentar las empinadas e interminables escaleras. ¡Un buen ejercicio para las piernas (de otros)!

Mi filosofía: Donde se ponga una obra de ingeniería como es un teleférico, que se quiten unas sencillas y anticuadas escaleras… ¡Hay que aprovechar la tecnología!

Sólo para valientes (la tirolina)

Una vez arriba, hay una tirolina de vértigo que cruza la catarata. Es absolutamente impresionante ver el agua caer bajo tus pies (o eso dicen…).

Confesión real: Yo, como no soy de las personas valientes y aventureras, me dediqué a mirar desde la barrera, pero mi marido y mi hijo se lanzaron por ella. Dicen que la experiencia fue única e inolvidable. Si buscas un subidón de adrenalina en Quebec, ¡éste es tu sitio!

Para información completa visita el post ¿Te atreves con la tirolina de las Cataratas de Montmorency?

Tirolina en las Cataratas de Montmorency
Una «espeluznante» tirolina cruza el frontal de la cascada

Llegada a Quebec: El embrujo de las luces

Tras una mañana emocionante, por fin llegamos a la ciudad que más me apetecía visitar de nuestra ruta.

Al igual que hicimos en Montreal, buscamos un hotel fuera del centro histórico, para evitar el estrés del coche (aunque en esta ocasión estábamos alojados dentro de la ciudad). Una vez más, Uber fue nuestro mejor aliado: barato, rápido y directo al corazón de la ciudad.

Llegamos al centro histórico a media tarde con un objetivo claro: ver la transición del día a la noche. En julio anochece muy tarde en Canadá, así que tuvimos tiempo para ver las dos caras de la ciudad.

El veredicto: Si Quebec es fotogénica a la luz del día, de noche es sencillamente mágica. Pasear por el centro histórico iluminado, con el Château Frontenac vigilando desde lo alto, fue una delicia.

Sensación: Es, con diferencia, la ciudad más europea del país. Caminar por sus calles empedradas nos hizo sentir que no habíamos cruzado El Charco.

Para información completa, visita el post Quebec de noche: ríndete a su embrujo

Hotel Fairmont Le Chateau Le Frontenac, iluminado
El impresionante hotel luce majestuoso al caer la noche

Día 7: Quebec sin reloj y con ritmo

Hotel Fairmont Le Chateau Le Frontenac, de día
De día, sigue siendo majestuoso

Dedicamos ese día a empaparnos de Quebec, disfrutándolo sin prisas. Volvimos a recorrer las mismas calles, pero esta vez fijándonos en los detalles que las prisas del primer día no nos habían dejado ver. Fue un día de relax que necesitábamos, después de una semana sin parar. Además, debíamos coger fuerza para los días que nos esperaban más adelante.

El ambiente: tuvimos la suerte de coincidir con el Festival D´Eté de Quebec (Festival de Verano) cerca de nuestro hotel. Fue el momento de descubrir la cara más vibrante de la ciudad. Sin duda, ver todos los bares a tope y tanta gente por la calle disfrutando de la música, nos hizo ver que no somos el único país que sabe disfrutar (aunque más de uno se lo crea)

Para información completa, visita el post Quebec, una joya europea en América

Festival de verano de Quebec, Canadá
Ambiente festivo en las calles de Quebec

Día 8: Rumbo al sur, entre “mil islas” y contrastes

Vistas del río desde el mejor crucero de las Mil Islas, Canadá, en la localidad de Rockport

Esa mañana, bien temprano, dejamos la provincia de Quebec para dirigirnos a la de Ontario. 

El paisaje por la carretera empezó a cambiar: conforme bajábamos hacia el sur, la frondosidad iba desapareciendo. Obviamente, para alguien de Almería seguía siendo un entorno muy verde, pero hay que reconocer que esta zona de Ontario no tiene un paisaje tan espectacular (más adelante volveríamos a encontrar un escenario bucólico también en esta provincia; pero no adelantemos acontecimientos…).

De los varios puertos disponibles para embarcar en un crucero por el Río San Lorenzo y disfrutar del Parque Nacional de las Mil Islas, me decanté por Rockport

La elección fue estratégica: encontré un hotel a muy buen precio a orillas del Río, situado justo al lado del embarcadero. 

Aunque los lugares más conocidos para embarcar son Gananoque y Kingston, creo que acerté con Rockport. Al ser un pueblo muy pequeño resulta muy manejable. 

Debe de ser una zona de gente adinerada, porque las casas de los alrededores te dejan sin aliento.

Casa a orillas del Río Mil Islas, en la localidad de Rockport

Escogimos el crucero de tres horas, aunque también los hay de una y de dos horas. Éste es otro imprescindible en una visita al Este de Canadá

Volvimos a tener otro día espectacular (el buen tiempo ya nos acompañaría el resto del viaje), así que entre el sol, la inmensidad del agua y esas casas que quitan el hipo, fue pura magia.

Tomando una cerveza en Rockport, Ontario, Canada, junto al río de las MIi Islas
Una cerveza que nos supo a gloria

Esa noche, además, coincidió con el 4 de julio, Día de la Independencia en EE.UU. Como el Río San Lorenzo hace de frontera natural entre ambos países, pudimos disfrutar desde el muelle de Rockport de los fuegos artificiales estadounidenses a lo lejos. Otro día inolvidable.

Para información completa, visita el post Crucero por las Mil Islas. Llegamos a la provincia de Ontario

Días 9 y 10: Los rascacielos y el skyline de Toronto

Skyline Toronto de noche, desde las islas del lago Ontario

Dejamos atrás las Mil Islas para dirigirnos a la inmensidad de la urbe. 

En esta ocasión, di con un hotel fantástico en pleno corazón de la ciudad a un precio increíble, y no me lo pensé. 

Sin embargo, nuestra filosofía de no meter el coche en el centro seguía intacta, por lo que planeé empezar la visita por Casa Loma, que está algo más apartada. 

Aparcamos el coche por los alrededores de este encantador castillo durante dos días y volvimos a recurrir a Uber para los traslados al hotel.

¡Toronto es increíble! Mi marido, mi hermana y yo ya habíamos estado en Nueva York hace años y no dejábamos de comentar el enorme parecido. Para mi hijo, que en este viaje por Canadá tenía 17 años, fue su primer contacto con una ciudad de imponentes rascacielos; no es de extrañar que le gustara tanto.

Aunque lo más famoso de Toronto es la CN Tower, para nosotros lo mejor fue, sin duda, contemplar el skyline desde las islas de enfrente, en el lago Ontario (a las que se llega cómodamente en ferry).

Al igual que nos pasó con la ciudad de Quebec, ver Toronto de noche era un imprescindible. Esta vez lo teníamos más fácil, ya que nos alojábamos en el corazón de la ciudad, al lado de Dundas Square.

Dundas Square, Toronto, de noche
No digáis que no parece Times Square

Toronto es una ciudad grandiosa, al estilo americano; no es una ciudad «bonita» al estilo europeo, pero precisamente ver algo tan distinto a lo que estamos acostumbrados es lo que más atrae de estos lugares. Ver la ciudad iluminada fue, sencillamente, impresionante.

Para información completa, visita los post:

Toronto, el Nueva York de Canadá

Toronto de noche: simplemente, espectacular

Día 11: Del decorado de época al «Las Vegas» canadiense

Dejamos atrás Toronto para dirigirnos a uno de los puntos que todo el mundo espera en un viaje por el Este de Canadá: las Cataratas del Niágara.

Primera parada: Niagara-on-the-Lake

Casa típica en Niagara On The Lake, cerca de las Cataratas del Niágara, Canadá

Antes de llegar al barullo de las cataratas, paramos en este pueblo que parece sacado de una película. 

Es un lugar impecable, con vistas al Río Niágara, y una arquitectura que te hace sentir en otra época. 

Se recorre en poco más de una hora. Si tienes tiempo, no te vayas sin verlo, porque el contraste con lo que viene después es brutal.

Para información completa visita el post ¿Merece la pena ir a Niagara-on-the-Lake? Pues, DEPENDE….

Niagara Falls: El parque temático 

Al llegar a Niagara Falls confirmamos lo que sospechábamos: no es un pueblo, es un parque temático construido por y para el turista. 

Tiene un aire entre festivo y decadente, lleno de luces y bullicio.

Parque de atracciones en las Cataratas del  Niágara, por la noche
Paseando por Clifton Hill

Que no se me malinterprete: no lo digo como una crítica. Pasar un día allí me pareció divertidísimo y algo completamente distinto a lo que habíamos visto hasta ese momento. 

La fuerza del agua: Las cataratas son impresionantes, especialmente la Horseshoe o de Herradura (en el lado canadiense). Hasta ella nos llevó el famoso barco. Acabamos empapados, pero nunca estar completamente mojados nos había sentado tan bien…

Catarata Horseshoe o Herradura en las Cataratas del Niágara

Adrenalina: Los valientes de la familia repitieron la jugada y se lanzaron en tirolina sobrevolando el Río Niágara.

El cierre: Terminamos la noche viendo las Cataratas iluminadas bajo los fuegos artificiales que lanzan cada noche en verano.

Fue uno de los días más divertidos del viaje. Acabamos agotados, pero fue un día para el recuerdo.

Para información completa de las actividades de día, visita el post Las mejores actividades en las Cataratas del Niágara. NUESTRA EXPERIENCIA

Para información completa sobre la noche en las Cataratas, visita el post ¡IMPRESCINDIBLE!: Pasa una noche en las Cataratas del Niágara

Día 12: Del caos a la calma absoluta en una mañana

Dejamos atrás las Cataratas para adentrarnos de nuevo en la naturaleza, esta vez en la de Ontario. 

Pero antes, debíamos hacer una parada obligatoria para ver los rápidos del Río Niágara, en lo que se conoce como el White Water Walk (Paseo de Aguas Bravas).

¡Qué fuerza la del agua! ¡Qué rapidez! ¡Qué rugido…! 

Paseo de Aguas Bravas, en el Rio Niágara. Rápidos del Río Niágara

Dejando atrás Niágara, el trayecto volvió a ser muy frondoso y nos recordó a los paisajes bucólicos que habíamos visto días atrás en Quebec.

Rumbo a Ottawa desde Niagara Falls, nos metimos de lleno en la inmensidad de los bosques y lagos de la zona, muy cerca del Algonquin Park.

Había encontrado un alojamiento muy especial cerca de Bancroft, a orillas del Lago Paudash. Me pareció un sitio tan idílico que decidí que debía ser, sin duda, nuestra próxima parada.

Fue un remanso de paz difícil de olvidar. Mi hijo, agotado tras el día intenso en las Cataratas, aprovechó para descansar y recuperar fuerzas. Para los demás fue una tarde de pura contemplación, disfrutando del atardecer más bonito que habíamos visto nunca. 

Quizás con 17 años mi hijo no pudo apreciar del todo el lugar en el que nos encontrábamos, pero para los adultos fue algo mágico. Para mí, concretamente, fue uno de esos momentos del viaje que se quedan grabados para siempre.

Para información completa, visita el post Del rugido del agua a la paz del Lago Paudash, muy cerca de Algonquin Park

Atardecer junto al Lago Paudash, cerca de Algonquin Park, Canadá
Disfrutando de un maravilloso atardecer

Día 13: Unas horas Ottawa

Nos levantamos temprano para aprovechar la zona antes de salir hacia Ottawa, donde pasaríamos la tarde y donde estaba nuestro próximo hotel.

Mi intención original era ir al Algonquin Park, que por lo que había leído es espectacular. Sin embargo, mi marido era el único que conducía y estaba cansado de las palizas de kilómetros de los días anteriores, y Algonquin no nos pillaba de camino a la capital.

A última hora decidí cambiar el plan y visitar el Silent Lake Provincial Park, que estaba al lado del hotel. No fue una decisión muy acertada, pero incluso así nos seguimos riendo muchísimo cada vez que recordamos esa mañana.

Tras la «desastrosa aventura» en el bosque, pusimos rumbo a Ottawa para nuestra última parada urbana del viaje.

Bloque Este, en la Colina del Parlamento, en Ottawa, Canadá

Llegamos a la capital del país

Como ya sabéis que preferíamos evitar el centro de las ciudades con el coche, la elección del hotel en Ottawa fue un acierto total: a sólo 10 minutos andando del centro, pero en una zona de avenidas despejadas.

Comimos cerca del alojamiento y, tras un pequeño descanso, nos fuimos directos al corazón de la ciudad.

Aunque Ottawa tiene rincones majestuosos, se ve mucho más rápido que Quebec o Toronto. Para nosotros, una tarde fue suficiente para captar su esencia..

Perfectamente podría ser una excursión de una mañana o una tarde desde Montreal si planteáis el viaje de otra forma, ya que están muy cerca. Pero en nuestro caso, al hacer una ruta circular, dormir allí para salir directos al aeropuerto de Montreal al día siguiente era el plan perfecto.

La Colina del Parlamento es impresionante. No creo que existan en el mundo muchos conjuntos monumentales de edificios institucionales con esa belleza. Pasar unas horas allí para visitar el Parlamento es, sin duda, imprescindible en cualquier ruta por el Este de Canadá.

Para información completa, visita el post Qué ver en Ottawa en unas horas

Bloque Oeste, en la Colina del Parlamento, en Ottawa, Canadá

Día 14: Fin de esta maravillosa aventura

Nuestro vuelo no salía hasta las 6 de la tarde, por lo que no teníamos que estar en el aeropuerto hasta las 3.

Al planear el viaje pensé que Ottawa nos ocuparía toda la mañana, pero al darnos tiempo a ver lo principal la tarde anterior, nos levantamos improvisando qué hacer de camino a Montreal.

Buscando sobre la marcha, me encontré con un lugar que había descartado el segundo día de viaje: el Château Montebello. Al ser una ruta circular, volvíamos al inicio.

Chimenea central del salón principal del Hotel Fairmont Chateau Montebello, en Canadá

El Château Montebello se trata de un hotel de la cadena Fairmont (la misma del famoso Château Le Frontenac de Quebec).

¡Madre mía, qué lugar! Creo que es el hotel más bonito que he visto nunca. 

Ese día brillaba un sol majestuoso. A orillas del río y rodeados de árboles, me pareció que estábamos en el paraíso.

Jardines del Hotel Fairmont Chateau Montebello, en Canadá

Fue el broche de oro antes de enfilar hacia el aeropuerto de Montreal.

Para información completa, visita el post El fin de la aventura. Regreso a casa tras visitar el Chateau Montebello

Haciendo balance de estos 14 días por el Este de Canadá, creo que la experiencia no pudo ser mejor. Fue un viaje de contrastes constantes: desde la adrenalina de las cataratas hasta la paz absoluta de los lagos de Ontario. También fue la constatación de lo que ya nos imaginábamos: no estamos preparados para sobrevivir en la naturaleza. Lidiar con mosquitos o imaginar osos detrás de cada árbol ha sido un ejemplo claro de ello.

Canadá es un destino que lo tiene todo. Si buscas una mezcla de ciudades con aire europeo como Quebec y grandes metrópolis al estilo americano como Toronto, no te vas a equivocar. Volvemos a casa con las maletas cargadas de sirope de arce, pero sobre todo con el recuerdo de unos paisajes espectaculares. Hay que verlos en persona para entender su magnitud

Itinerario en kilómetros en nuestra ruta por el este de Canadá

4 comentarios en “Sin filtros: Ruta de 2 semanas por el Este de Canadá en coche”

  1. Mucha gracias por el post, nos vamos en agosto y nos ha sido de gran utilidad. Todo el itinerario muy bien elegido. Pero me queda algunas dudas, nos podríais decir cuántas noches pasasteis en cada lugar y nombres de los alojamientos, te lo agradecería muchísimo. Así, me es más fácil calcular los kilómetros. ¿Se os hizo pesado la conducción?
    Gracias por todo de antemano.

    Saludos ,

    Inma

    1. Hola, Inma.
      Me llegó tu mensaje duplicado, y te he respondido en el de más abajo. Por si no lo has visto.
      Por cierto, que no te respondí en cuanto a si se nos hizo pesado conducir. En nuestro caso, sólo conducía mi marido, así que algunos días estaba cansado, la verdad. Si en vuestro caso sois más de uno conduciendo, no vais a tener problema si seguís mi ruta más o menos. El día que más kms hicimos del tirón fueron 500. Lo fui planeando para que no fueran demasiados cada día. Pero en total fueron un poco más de 3000

  2. Mucha gracias por el post, nos vamos en agosto y nos ha sido de gran utilidad. Todo el itinerario muy bien elegido. Pero me queda algunas dudas, nos podríais decir cuántas noches pasasteis en cada lugar y nombres de los alojamientos, te lo agradecería muchísimo. Así, me es más fácil calcular los kilómetros. ¿Se os hizo pesado la conducción?
    Gracias por todo de antemano.

    Saludos ,

    Inma

    1. Gracias a ti, Inma, por tu comentario. Me hace mucha ilusión serle de ayuda a alguien.
      En el post que has leído tienes enlaces que amplían la información de cada uno de los días. En estos post más detallados he puesto el nombre de cada uno de los hoteles en los que estuvimos.El post que tú has leido es una guía resumen de todo el trayecto. Además,hay otro post que se llama «kilómetros diarios en nuestra ruta por el Este de Canadá». Ahí vienen especificados los kilómetros exactos de cada uno de los días.
      Si tienes más dudas,escríbeme de nuevo, sin problema. Ya verás lo que os va a gustar. Es un país alucinante. ¿De qué ciudad me escribes?

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