Toronto de noche: simplemente, espectacular
Toronto de noche es de esas ciudades que se te quedan grabadas en el recuerdo.
Para un español, no acostumbrado a grandes ciudades de rascacielos, ver esas inmensos edificios tan pegaditos unos a otros, compitiendo entre ellos en su grandiosidad, es una imagen que nos atrapa. Si de día nos sorprenden, de noche nos dejan con la boca abierta.

Como os contaba en nuestro anterior post Toronto, el Nueva York de Canadá, nuestra primera tarde en la ciudad cogimos un ferry para ir a la Isla de Ward a ver el skyline de Toronto al atardecer. Una vez allí, esperaríamos que anocheciera y se encendieran las luces de la ciudad, para poder admirar esa imagen de postal que tanto habíamos visto en televisión o por redes sociales.
Como os decía en ese post anterior, observar la silueta de la ciudad transformarse poco a poco desde el Lago Ontario es una experiencia que recomiendo hacer de forma pausada, sin ninguna prisa.

La espera mereció y la pena y volvimos de Ward´s Island con un recuerdo imborrable.
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Tras regresar en ferry de nuevo al continente, decidimos caminar un rato admirando los rascacielos iluminados, pero ahora desde su misma base.

Volvimos a pasar por los lugares emblemáticos del centro de Toronto, aquéllos que ya habíamos visto a plena luz del día.
La Plaza Nathan Phillips seguía rebosando vida. Las famosas letras de Toronto, que de día ya nos habían parecido muy bonitas, ahora estaban impresionantes, con su gran colorido.

Volvimos a ir a Dundas Square, el corazón neurálgico de la ciudad, tan parecido a Times Square en Nueva York.


Atardecer entre rascacielos

En nuestro segundo día en Toronto, cuando el sol empezó a dar un respiro, salimos de nuevo a pasear. Bajamos hacia el sur, cerca del embarcadero donde habíamos tomado el ferry el día anterior, pero esta vez con un objetivo distinto. Mientras descansaba, me puse a buscar por internet diferentes terrazas rooftop, para tomar algo mientras contemplábamos desde las alturas los rascacielos iluminados. Habíamos comido tan tarde que nuestra idea era simplemente tomar alguna bebida con algún snack, nada más. Al final me decanté por un rooftop llamado Kost, porque leí que desde allí las vistas de la CN Tower iluminada eran espectaculares. Está en el piso 44 del Bisha Hotel Toronto
Un plan frustrado en las alturas

Desde la habitación del hotel mandé un correo a la terraza para consultar si era necesario reservar. Me contestaron enseguida, diciéndome que no trabajaban con reserva previa y que se asignaban las mesas por orden de llegada, así que, ya anocheciendo, nos fuimos para allá caminando.
Subimos hasta lo más alto del hotel con toda la ilusión, pero al llegar a la recepción nos dieron el «jarro de agua fría»: nos dijeron que estaba lleno. Aun así, insistí a la chica del mostrador para ver si podíamos pasar sólo un momento para echar un vistazo y hacer alguna foto, y nos lo permitió.
Nos dimos una vuelta por esa terraza de moda y enseguida nos dimos cuenta de por qué quizás no encajábamos: éramos tres adultos en la cincuentena con un chico de 17 años, todos vestidos de manera muy informal, con ropa cómoda y zapatillas de deporte. Estábamos rodeados de gente mucho más joven y muy bien vestida.
Vimos alguna que otra mesa vacía al recorrer el lugar, así que está claro que nuestro estilo no encajaba con el «código» del local esa noche. No nos enfadamos ni mucho menos, porque lo comprendimos. No íbamos vestidos para la ocasión, ni tampoco teníamos la edad adecuada. No encajábamos en ese ambiente, y lo que más me extraña es que nos dejaran ir a echar algunas fotos, así que agradecimos que nos dejaran pasar. Nos llevamos unas fotos maravillosas de Toronto iluminada y nos fuimos tan contentos. No era un lugar precisamente barato, así que nos ahorramos unos cuantos dólares, y vimos gratis esas espectaculares vistas.


Como los adultos no teníamos hambre, mi hijo se compró algo para picar en un supermercado, y tras dar un paseo no fuimos al hotel a descansar. Al día siguiente nos esperaba un día emocionante y teníamos que estar preparados para la nueva aventura.

No os perdáis el siguiente día en las Cataratas del Niágara