Cataratas del Niágara: lo que SÍ vale la pena
¿Vas a las Cataratas del Niágara por libre y te estás volviendo loco planeando qué te da tiempo a hacer en un día y cuáles son las mejores actividades? Te explico qué hicimos nosotros, por si te sirve de ayuda. No te pierdas el barco. ¿Te atreves con la TIROLINA/TIROLESA?
Índice
Clifton Hill: un mini Las Vegas
📍 Antes de proseguir: Este post forma parte de nuestra Ruta de 14 días por el Este de Canadá: Guía real de Tadoussac a Niágara. ¡Échale un vistazo para ver el itinerario completo!

Llegada a Niagara Falls: Un recibimiento en español

En nuestro día 11 en Canadá, tras visitar Niagara-on-the-Lake nos fuimos directos a nuestro hotel en Niagara Falls. Dejamos el coche en el parking al aire libre del establecimiento y entramos en recepción. Nos atendió una encantadora chica chilena.
Os confieso que es una auténtica gozada poder hablar en tu propio idioma en un hotel de Canadá después de tantos días. Nos alegramos muchísimo de ese encuentro. Siempre se agradece esa cercanía y poder resolver cualquier duda en español. Con todo listo y las maletas a buen recaudo, ya sólo nos quedaba una cosa: ir a ver el gran espectáculo.
Dormir en Niagara Falls: Prioridad a la ubicación y al bolsillo

Tengo que ser sincera: nuestro alojamiento fue el más flojo de toda la ruta por Canadá, pero tenía un motivo estratégico. Los hoteles en esta zona son carísimos y me sorprendió encontrar uno tan bien situado, a unos 15 minutos andando de Las Cataratas, con desayuno, y a un precio muy razonable: el Days Inn by Wyndham Niagara Falls Near The Falls (un poco corto el nombre, ¿no?).
¡Cuidado! No lo confundáis con otros de la misma cadena que están muy cerca. Aseguraos bien de cuál reserváis. Yo lo hice con muchísima antelación, algo que siempre os recomiendo porque luego los precios se disparan.
Mi planificación era clara:
- Ubicación estratégica: Quería estar cerca de la acción para no depender del coche.
- Sólo para dormir: ¿Para qué pagar un dineral por una habitación donde solo íbamos a pasar seis o siete horas?
- Mis líneas rojas: Limpieza y baño propio. Si cumple eso y está bien situado, me vale. Éste cumplía esos requisitos.
Obviamente, a todos nos gusta el lujo (como la «ganga» que conseguimos en Toronto), pero aquí preferí ahorrar en la cama para invertir en las actividades. Al final, compensamos el gasto de las excursiones con el ahorro del hotel. ¡Y tan contentos!
💡 Consejo de ahorro: Buscad hoteles que os permitan dejar el coche y llegar caminando. Os ahorraréis el tráfico y los parkings carísimos de la zona turística.
De camino al «meollo»: Niagara Falls, ¿una mini Las Vegas?

Como os decía, la ubicación del hotel era estratégica: apenas 15 minutos andando y ya estábamos en todo el «meollo». Empezamos a bajar la avenida y, en un abrir y cerrar de ojos, nos vimos rodeados de sitios de comida rápida, tiendas de recuerdos y un ambiente vibrante.

A los diez minutos entramos de lleno en lo que yo llamaría el «parque temático» que rodea Las Cataratas. ¡Es como una mini Las Vegas! Te quedas con la boca abierta viendo edificios rarísimos inspirados en películas, restaurantes temáticos, salas de juegos y luces por todas partes. Es un espectáculo en sí mismo que, sinceramente, merece la pena ver al menos una vez en la vida. La calle principal de toda esta locura se llama Clifton Hill.

¿Lado canadiense o lado estadounidense?
Había leído en muchos blogs que el lado estadounidense no es ni la mitad de divertido ni impactante que el lado canadiense, y tras estar allí, creo que lo más probable es que tengan razón (aunque no conozco el otro lado). Pero es más espectacular no sólo por el despliegue de ocio, sino porque las vistas de Las Cataratas en sí —que es a lo que venimos— son mucho más impresionantes desde este lado. Mientras que aquí las tienes todas de frente, desde EE. UU. estás «encima» de ellas. Eso explica técnicamente por qué las vistas canadienses son mejores.
Tras atravesar toda esa vorágine de neones, nos dirigimos por fin a ver la gran maravilla natural.
Primer encuentro: El estruendo y la bruma de las Cataratas
Al llegar al mirador, lo primero que te encuentras de frente es la Catarata Estadounidense (American Falls). Justo a su lado nos encontramos con Bridal Veil Falls.
American Falls y Bridal Veil Falls (Velo de Novia) están literalmente una al lado de la otra, separadas únicamente por una pequeña porción de tierra llamada Luna Island. Ambas forman parte del lado estadounidense de las Cataratas del Niágara. Si te fijas en la siguiente foto, la American Falls es la gran cortina de agua a la izquierda, mientras que la Bridal Veil es la más pequeña y estrecha a la derecha

Es imponente y grande, pero palidece cuando caminas el kilómetro de paseo que la separa de la joya de la corona: la Catarata Canadiense, conocida como la Herradura (Horseshoe Falls).

Conforme te acercas, la experiencia deja de ser sólo visual para volverse sensorial. Te invade el estruendo del agua al caer —un ruido ensordecedor que te vibra en el pecho—. Es difícil sacar una buena foto, porque la bruma constante (la nube de agua pulverizada que sube con una fuerza increíble), parece humo, y en las fotos se ve como un fondo de color blanco.

Niágara vs. Iguazú: Mi veredicto
Habiendo visitado las Cataratas del Iguazú el año anterior, iba con cierto miedo. Pensaba que, después de ver decenas de saltos de agua en plena selva, Niágara me decepcionaría. Es cierto que el entorno de Iguazú es más espectacular por la vegetación salvaje, mientras que aquí estás rodeado de asfalto y edificios. Sin embargo, tengo que reconocer que Niágara me encantó. Aunque sean mundos distintos, el espectáculo aquí también está garantizado.

Mezcla cultural sorprendente
Hubo algo que nos llamó poderosamente la atención durante todo el día: la increíble diversidad cultural, y especialmente la enorme presencia de turistas de origen indio o pakistaní.
Ya lo habíamos notado en otras etapas del viaje por Canadá, pero en Las Cataratas era masivo. Familias enteras, grupos de amigos y parejas, la mayoría probablemente viviendo en Canadá, pero de origen surasiático, llenaban cada mirador. Había obviamente también otras nacionalidades, pero los que más destacaban eran los de origen hindú
Mis tres experiencias imprescindibles en Niagara Falls
En Niagara Falls hay infinidad de actividades que te intentan vender en cada esquina, pero yo las había investigado previamente todas, y tenía claro las tres que eran imprescindibles para mí.
La primera, por supuesto, era el barco que se adentra casi bajo la caída del agua. En el lado canadiense, el barco es operado por Niagara City Cruises (conocido como el Hornblower). Es el equivalente exacto al Maid of the Mist que sale desde el lado estadounidense.

Subir a este barco no es solo un paseo. Es meterte de lleno en el corazón de Niágara.
Nada más llegar te entregan un chubasquero rojo (en el lado americano son azules) y, aunque al principio te lo pones con cuidado, pronto descubres que es casi un elemento decorativo contra la que se te viene encima.

Además del barco, mi planificación incluía otras dos experiencias que había estudiado a fondo:
- El Journey Behind the Falls (un recorrido por túneles que te lleva justo detrás de la gran cortina de agua de la Catarata Canadiense) y
- El White Water Walk (Paseo de Aguas Bravas), un pequeño recorrido junto a los rápidos del Río Niágara.
Sin embargo, en cuanto mi marido y mi hijo divisaron la tirolina de las Cataratas del Niágara, lo tuvieron claro: ¡querían lanzarse!
A diferencia de la de las Cataratas de Montmorency (que cruza de lado a lado y es impresionante), esta tirolina no sobrevuela la caída de agua. Se adentra un poco en el río, recorre un tramo no muy largo y te deja en la parte baja de Las Cataratas. Desde allí, un shuttle (minibús incluido en el precio) te devuelve al inicio.
Tirolina: ¿Niágara o Montmorency? Fue una experiencia muy divertida decir eso de «me he tirado en tirolina en el Niágara», pero según ellos, no tiene nada que ver con la espectacularidad de Montmorency. Si sólo puedes elegir una, Montmorency gana por goleada. Allí, el vídeo que visteis en el post Las Cataratas de Montmorency y su espeluznante tirolina, estaba incluido en el precio. En Niágara era un extra caro, así que decidimos no comprarlo. A cambio, mi misión fue grabarlos desde abajo mientras se lanzaban, tan felices.
En cuanto a dónde comprar el ticket para lanzarse en tirolina, lo podéis hacer allí mismo. No obstante, si el inglés no es vuestro fuerte y lo queréis hacer cómodamente desde el móvil, lo podéis hacer accediendo a la plataforma Getyourguide. El precio es muy similar al de la taquilla. Pero, como ya os he dicho, no es necesario.
Aquí os muestro el vídeo que les grabé, para que os hagáis una idea de cómo es esta tirolina por si decidís probarla en vuestra visita.
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La experiencia del barco: diversión (y ducha) asegurada
Si hay un imprescindible en Niagara Falls, es el barco. Probablemente fue el momento más divertido de todo nuestro viaje por Canadá. Pero antes de lanzarnos al agua, hicimos una parada técnica estratégica en el hotel.
💡 Mi consejo de oro: El calzado
Como sabíamos que en Canadá el tiempo es caprichoso, llevábamos dos tipos de calzado: zapatillas de deporte normales y otras impermeables. Como ya os he dicho, había leído que, aunque te dan chubasquero, acabas empapado, así que fuimos a ponernos las zapatillas de deporte (o tenis, como le llamamos en Almería) resistentes al agua. La ropa no nos preocupaba (con el calor que hacía, casi agradecías el remojo y además se sacaría en un suspiro), pero caminar con los pies mojados el resto del día podía ser muy desagradable. ¡Id preparados!
Entradas y logística: Sin estrés
Compramos las entradas de forma on line allí mismo, una hora antes de la salida. También las puedes comprar en las máquinas que hay junto a la entrada. Lo importante es que sepáis que no hace falta reservar con mucha antelación. Hay barcos cada 15 minutos y la capacidad en ellos es grande, así que no suele haber problema.
Esta paseo en barco también es posible hacerlo de noche, a la hora de los fuegos artificiales. Nosotros lo hicimos de día, pero tiene que ser también espectacular hacerlo con las cataratas iluminadas.
El momento del «naufragio»

Una vez a bordo, la experiencia es tremenda. Cuando el barco se acerca a la caída de la Herradura, el agua te salpica con tanta fuerza que casi no puedes ni abrir los ojos. No se ve nada, sólo oyes el maravilloso estruendo.
Afortunadamente, mi marido llevaba una funda acuática para el móvil. Gracias a eso pudo grabar unos vídeos muy divertidos donde se nos ve con unas caras de felicidad impagables. Yo no llevaba funda y me alegré mucho de que él fuera el previsor, porque las risas que nos echamos todavía hoy al ver esos vídeos son lo mejor del viaje.
¡Fue un momento de diversión absoluta! ¡No os olvidéis de llevar una funda también vosotros!
Os muestro aquí uno de los vídeos de nuestra experiencia dentro del barco, el más impresionante, sin duda alguna.
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Rumbo al Journey Behind the Falls. ¿Vale la pena?
Tras la «ducha» del barco, nos pusimos en marcha hacia nuestra siguiente parada: el Journey Behind the Falls. Entre el lugar de desembarque y la entrada a esta actividad hay aproximadamente un kilómetro de distancia.
Aunque pueda parecer mucho, el paseo es una maravilla. Vas bordeando constantemente el Río y el paisaje es tan espectacular que se te pasa volando. Eso sí, preparad las piernas porque el recinto de Las Cataratas es muy grande y se camina muchísimo.
Además, os tengo que advertir una cosa: en Canadá también puede hacer calor, y mucho. Ese día en Niágara, junto con nuestro segundo día en Toronto, fue de los más sofocantes del viaje. Incluso viniendo del sur de España, donde estamos curtidos en temas de temperaturas veraniegas, ese día pasamos mucho calor durante las horas centrales. Por la tarde, las temperaturas se suavizaron y disfrutamos de un ambiente veraniego muy agradable.
Logística de las entradas: ¿Antelación o improvisación?
Nuestra idea era hacer el Journey Behind the Falls por la mañana, pero al llegar a la taquilla, ya no quedaban entradas para ese tramo horario. Como el hambre empezaba a apretar, decidimos no forzar y dejarlo para la tarde, después de la experiencia del barco.
Consejo viajero: Aunque para el barco suele haber hueco, los túneles, que también funcionan con pases horarios, se agotan antes, ya que en cada grupo no caben tantas personas como en el barco. ¡Id con margen!
Al igual que os he dicho con la tirolina o el barco, si preferís comprarlo on line cómodamente, lo podéis hacer accediendo a Getyourguide
El acceso es por un ascensor que te baja 38 metros a través de la roca. Te entregan un chubasquero amarillo (¡cambiamos de color!) y te preparas para ver la Catarata desde una perspectiva que impone muchísimo: desde sus propias entrañas.

Tras la cortina de agua (y el encuentro con el arcoíris)
Si os soy sincera, los huecos que dan directamente a la parte trasera de la caída impresionan más por el estruendo ensordecedor que por lo que se ve, ya que es una ventanita muy pequeña en la que apenas te puedes detener, ya que hay gente esperando detrás de ti. Pero lo que justifica totalmente la entrada es la terraza lateral.

Desde allí estás literalmente al lado de la caída. Tuvimos la suerte de ver un arcoíris semicircular perfecto justo encima del agua. Fue algo espectacular, una de esas imágenes que se te quedan grabadas y que compensaron de sobra haber tenido que esperar a la tarde para entrar. Definitivamente, más que estar detrás de la caída, lo sobrecogedor es estar al lado de ella en esta terraza. No os perdáis esta experiencia.

Os dejo aquí un vídeo en el que podréis apreciar lo que os digo.
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Table Rock: El centro de operaciones de Niágara
En el mismo edificio donde compramos las entradas para el Journey Behind the Falls —un complejo enorme llamado Table Rock Welcome Centre— también se gestionan los pases para el White Water Walk.
Este Centro es el punto neurálgico del Parque: allí tienes las mejores vistas de la Herradura, tiendas de recuerdos, una cafetería, baños y, por supuesto, las taquillas principales. Es el sitio ideal para organizar tu jornada y decidir qué aventura será la siguiente.
Como te decía, desde este punto tienes una vista alucinante a la Catarata. Justo enfrente del Table Rock Center, te asomas al abismo, y piensas que no es posible que pueda caer tanta cantidad de agua, y que nunca se acabe. ¡La fuerza de la naturaleza es maravillosa!


White Water Walk: El poder de los rápidos (y un error de cálculo)

Tenía clarísimo que no quería irme sin hacer el White Water Walk (Paseo de Aguas Bravas), pero cometí un error de planificación: pensaba que estaba a 10 minutos andando del centro de Niagara Falls. Al darnos cuenta de que en realidad estaba a 4 kilómetros, decidimos cambiar de estrategia. Lo dejamos para la mañana siguiente, aprovechando que ya sacábamos el coche del parking para poner rumbo a nuestro próximo destino.
Consejo logístico: Si vais en coche, hacedlo como nosotros. Llegamos sobre las 9:30 de la mañana y no había prácticamente nadie. Es un paseo de apenas un kilómetro por una pasarela de madera impecable, nada cansado y muy bien organizado.
Ver el río bajar a esa velocidad es alucinante. Son rápidos de categoría 6 (la más alta) y el ruido y la fuerza del agua te dejan sin palabras. Se puede comprar la entrada allí mismo y disfrutar de la paz que hay a primera hora, lejos de las aglomeraciones de la zona de Las Cataratas.

Si alguien no tiene coche, el autobús WEGO (el bus turístico del Parque) te lleva al White Water Walk desde Table Rock.
Podéis comprobarlo por vosotros mismos, viendo este vídeo
Por qué decidimos NO subir a la Skylon Tower
Había leído en muchos blogs sobre la Skylon Tower, esa torre mítica que recuerda a la CN Tower de Toronto pero en pequeñito.

Decidimos no subir porque la entrada nos pareció cara, teniendo en cuenta que las vistas gratuitas desde los miradores del paseo ya son espectaculares. Sin embargo, puede que me equivocara y me perdiera vistas más impresionantes aún. Si has subido, por favor, vuelve al blog a contarnos tu experiencia. Así ayudarás a otros viajeros a tomar la mejor decisión.
Aun así, creo que, entre todo lo que ofrece el parque, elegimos las tres mejores experiencias (cuatro, si contamos la tirolina de ellos). ¡Nos fuimos de Niágara con la sensación de haberlo aprovechado al máximo! Eso sí, acabamos agotadísimos.
No te pierdas una noche en las Cataratas del Niágara