Cataratas de Montmorency: ¿Te atreves con su tirolina?
Subimos a las Cataratas de Montmorency (¡más altas que el Niágara!) y probamos su espectacular tirolina. ¿Tienes vértigo, o te atreves?
📍 Antes de proseguir: Este post forma parte de nuestra Ruta de 14 días por el Este de Canadá: Guía real de Tadoussac a Niágara. ¡Échale un vistazo para ver el itinerario completo!

Índice
Las Cataratas de Montmorency: Más altas que Niágara
La espeluznante tirolina de Montmorency
Hotel en Quebec: La Sainte Paix
En el día 6 de nuestra ruta por el Este de Canadá teníamos otra aventura por delante: por la mañana visitaríamos las altísimas Cataratas de Montmorency, y ya por la tarde llegaríamos a Quebec para poder disfrutarlo bajo el embrujo de las luces. Ver Quebec iluminado era otro imprescindible en mi ruta, y ese día se iba a cumplir mi deseo.
Cambio de planes: El susto del coche
Tras desayunar en el Motel Horizón 777, que recomiendo sin ninguna duda, nos pusimos en marcha. Nuestro plan inicial era detenernos en el Cañón de Santa Ana y, posteriormente, en las Cataratas de Montmorency antes de entrar en la ciudad de Quebec.
Sin embargo, el vehículo nos había dado un fallo el día anterior y nuestra prioridad cambió: queríamos llegar a la oficina de alquiler del aeropuerto de Quebec antes de que cerraran, para intentar cambiarlo. Nos quedaban todavía muchísimos kilómetros por delante y nos daba pánico que se acabara averiando del todo, especialmente después de que el aviso de avería saltara ya en dos ocasiones. Por ese motivo, muy a nuestro pesar, descartamos la parada en el Cañón de Santa Ana y decidimos visitar únicamente las Cascadas de Montmorency.
Las Cataratas de Montmorency: Más altas que Niágara
Al llegar a las Cataratas de Montmorency, encontramos un gran aparcamiento y un edificio principal con baños, cafetería y las taquillas para el teleférico que conecta la base con la cima.
Como ya os mencioné en mi post de Ruta de 14 días por el Este de Canadá, si os apetece hacer ejercicio o preferís ahorrar unos dólares, existe la opción de subir por unas escaleras que parecen interminables. Nosotros, como la gran mayoría, optamos por el teleférico. Nada más comprar los tickets, nos pusimos en cola para ascender. Si prefieres llevar los tickets ya comprados, lo puedes hacer cómodamente a través de Getyourguide. Pero nosotros los compramos en taquilla al llegar y no hubo ningún problema.
Una vez arriba, tras un corto paseo, te topas con el puente colgante que cruza “el abismo”.

Es una estructura muy grande y estable, así que no transmite ninguna inseguridad. De hecho, desde arriba no llegas a ser consciente de la verdadera altura y envergadura del salto. Eso es algo que sólo se aprecia realmente desde la base.
Esta Cascada es altísima, superando incluso en altura a las del Niágara, aunque lógicamente no es tan espectacular en cuanto a anchura y caudal. Aun así, os garantizo que merece muchísimo la pena. Si podéis visitarlas en el orden en que lo hice yo (primero éstas y dejar Niágara para el final), la experiencia es mucho más gratificante.

Adrenalina en familia: la tirolina que cruza las Cataratas de Montmorency
El plato fuerte llegó cuando mi marido y mi hijo decidieron lanzarse por la tirolina que cruza todo el frente de la Catarata. Mi hermana y yo, ejerciendo de espectadoras de lujo, fuimos a esperarlos al final del recorrido para fotografiar y grabar la hazaña.
Fue, sin duda, una experiencia única para ellos. Yo, por mi parte, confieso que tenía el corazón a mil por hora. No podía evitar preocuparme por si algo salía mal. Al final te dices a ti misma que estás en Canadá y que las medidas de seguridad son extremas, pero el miedo es libre y yo sólo deseaba verlos llegar sanos y salvos cuanto antes.
Haz clic en el título del vídeo para vernos en Youtube y dejarnos tu Like
Tras la descarga de adrenalina de la tirolina, cogimos de nuevo el teleférico para descender. Después un corto paseo, llegamos a la base del salto de agua y tengo que confesar que me gustó incluso más desde esta perspectiva: desde abajo se ve verdaderamente imponente.

Intentamos aproximarnos lo máximo posible y, como era de esperar, acabamos empapados. ¡Menos mal que hacía bastante calor y el agua nos sentó de maravilla! Fue muy divertido intentar avanzar mientras la fuerza del agua que salpicaba te lo impedía, a pesar de que todavía no estábamos pegados a la caída.
Sin duda, fue una mañana muy bien aprovechada.


Gestión de la avería en el aeropuerto
Una vez terminada nuestra aventura en las Cataratas, pusimos rumbo directo al aeropuerto. Íbamos algo nerviosos, dándole vueltas a cómo explicar en inglés lo que le ocurría al vehículo, pero afortunadamente la comunicación fluyó mejor de lo esperado. Aunque nuestro nivel hablado deja bastante que desear, lo importante es que logramos hacernos entender.
Una empleada muy amable de Hertz, la compañía donde lo habíamos alquilado, gestionó rápidamente el cambio. Entregamos el nuestro y nos facilitaron otro modelo exactamente igual. Por suerte, con este nuevo coche no volvimos a tener ningún contratiempo el resto del viaje.
Si vosotros en algún viaje tuviérais algún contratiempo con el coche (ojalá que no), siempre es mejor acudir a una oficina del aeropuerto (si es que tenéis alguno cercano), porque se trata de las oficinas de coches de alquiler con más movimiento.
Tras solucionar el incidente del coche en el aeropuerto de Quebec, pudimos por fin respirar tranquilos y poner rumbo a nuestro alojamiento para las próximas dos noches: La Sainte Paix.
Hotel La Sainte Paix
Como siempre estudio muy bien los hoteles con antelación, elegí éste por dos motivos fundamentales:
El primero, el precio: Quebec es una ciudad cara para dormir, pero al reservar con tiempo conseguí una tarifa excelente.
El segundo, la ubicación: siguiendo mi política de evitar los cascos históricos con el coche, este hotel en un barrio cercano al centro era ideal. Tenía aparcamiento gratuito en la misma puerta, lo que nos permitió olvidarnos del vehículo por dos días y movernos cómodamente en Uber, que como ya os había dicho anteriormente en Canadá funciona de maravilla y a buen precio.
La Sainte Paix es un concepto de hotel sin recepción (te envían un código de acceso), con habitaciones amplias, reformadas y una decoración muy acogedora. Si buscáis comodidad y evitar el estrés del tráfico en el Viejo Quebec, os lo recomiendo encarecidamente.
No te pierdas nuestro post sobre Quebec, una joya europea en América
Tampoco te pierdas Quebec de noche: ríndete a su embrujo