Duerme cerca de Algonquin Park: mi Rincón Secreto

Si estás buscando un lugar para dormir cerca de Algonquin Park, descubre el precioso hotel junto al Lago Paudash donde yo me alojé.

📍 Antes de proseguir: Este post forma parte de nuestra Ruta de 14 días por el Este de Canadá: Guía real de Tadoussac a Niágara. ¡Échale un vistazo para ver el itinerario completo!

dormir en Algonquin Park
Maravilloso atardecer en el Lago Paudash

Índice

Dónde dormir cerca de Algonquin Park

Rumbo al norte: De las luces de Niágara al corazón de Ontario

Una parada inesperada: El tesoro del Lago Clear

Somerset Lakeside Resort: Una cabaña con encanto cerca de Algonquin

Atardecer en el Lago Paudash: Un momento para toda la vida

Desayuno entre ardillas: El adiós al Lago Paudash

Pánico en el Silent Lake Provincial Park

Rumbo a Ottawa

​Tras la descarga de adrenalina en las Cataratas del Niágara y después de visitar los rápidos del Río Niágara —que nos parecieron alucinantes—, buscábamos un lugar donde dormir cerca de Algonquin Park. 

En nuestro día 12 en Canadá, el Lago Paudash, en la zona de Bancroft, resultó ser el refugio perfecto

​Entre Niagara Falls y Ottawa hay más de 500 km, así que planifiqué el viaje para hacer una noche a mitad de camino.

Esta vez buscaba un alojamiento en plena naturaleza. 

Combinar ciudades y naturaleza fue un acierto total. El contraste es tan grande que aprecias mucho más ambos mundos. Además, en cualquier grupo siempre hay a quien le apasiona la naturaleza y a quien le encanta el bullicio de los escaparates y las luces. Para mí, esa mezcla es la definición de un viaje perfecto.

​Buscando y buscando un refugio a mitad de camino, me encontré con una maravilla: el Somerset Lakeside Resort, a orillas del Lago Paudash.

Lago Paudash, Ontario, Canadá
Lago Paudash

Está situado en el corazón de Highlands East, en la región de Haliburton, un área famosa por sus miles de lagos y su naturaleza salvaje, a poca distancia de la localidad de Bancroft.

Rumbo al norte: De las luces de Niágara al corazón de Ontario

El trayecto entre las Cataratas del Niágara y el Somerset Lakeside Resort es un viaje de unos 300 kilómetros que te lleva del bullicio turístico más absoluto a la paz más profunda de la naturaleza de Ontario.

Al salir de Niágara, los primeros kilómetros son de autopista pura, cruzando la zona más poblada de Canadá. Verás muchos carriles, carteles y el paisaje típico de las afueras de una gran ciudad. Pero, a medida que dejas atrás el Lago Ontario y rodeas Toronto, el entorno empieza a cambiar.

Una vez que enfilas hacia el norte, el paisaje se vuelve mucho más rural: aparecen colinas suaves, granjas y campos de maíz que parecen no terminarse nunca. Es un tramo de conducción muy relajado y cómodo.

A medida que te acercas a la zona de Bancroft, el paisaje se transforma en el Canadá de las postales. La carretera se estrecha y empieza a rodearse de paredes de árboles. Empieza a asomar agua por todas partes: cada pocos kilómetros cruzas un puente sobre un río o ves un lago escondido entre la espesura.

Una parada inesperada: El tesoro del Lago Clear

Mi idea era llegar al hotel a la hora de la comida (hora para un español, no para un canadiense), y estar toda la tarde de relax, a orillas de ese magnífico Lago.

Y es que el Resort está situado justo en la misma orilla.  Incluso tiene su propio embarcadero,  exclusivo para los clientes.

Como habíamos salido un poco más tarde de lo planeado en un principio porque esa mañana fuimos a ver los rápidos del Río Niágara,  al final decidimos parar a comer en el camino.  Empecé a buscar en Google Maps algún sitio que tuviera buenas reseñas y encontré uno que fue todo un acierto.  ¡Qué lugar más bonito encontramos casi por casualidad! En mitad de la naturaleza,  también a orillas de un lago, nos topamos con un lugar idílico. 

Vista del Lago Clear, en  Ontario, Canadá, desde el restaurante Lock 27 Tap & Grill
Lago Clear

Al llegar al aparcamiento el restaurante no se ve aún. Había varias caravanas aparcadas y daba la sensación de un sitio cutre. Mi marido me recriminó mi elección, pensando que los llevaba a un lugar poco apropiado,  pero al llegar a la entrada,  todos nos quedamos asombrados de lo bonito del lugar.

Comimos muy bien, pero lo mejor fue el servicio. Unas camareras simpatiquísimas nos trataron de maravilla. En Canadá,  al igual que en Estados Unidos, el servicio en los restaurantes suele ser magnífico, ya que gran parte de su sueldo va en la propina, así que se esfuerzan mucho.

El nombre del restaurante es Lock 27 Tap & Grill, y está a orillas del Lago Clear, en la zona de Young’s Point. Si vais por esta zona, os lo recomiendo. Comer con esas vistas al Lago es todo un lujo, pero a un precio muy normalito. ¿Qué más se puede pedir en un viaje?

Familia comiendo en el restaurante Lock 27 Tap & Grill, junto al Lago Clear, en Ontario, Canadá
En el restaurante Lock 27 Tap & Grill

Somerset Lakeside Resort: Una cabaña con encanto cerca de Algonquin

Llegamos al Somerset Lakeside Resort y nos quedamos maravillados de lo bonito del entorno.

Jardín del Hotel Somerset Lakeside Resort, cerca de Brancoft, Canadá
Jardín del hotel

Aunque se llame “resort”, en realidad es un hotelito con encanto. Es una gran casa tipo cabaña, con unas poquitas habitaciones, un restaurante y una sala con juegos de mesa y televisión. En el pequeño complejo hay también un par de casitas independientes que pertenecen al hotel, pero que son cabañas completas con su propia cocina.

Cabaña principal del Hotel Somerset Lakeside Resort, cerca de Algonquin Park, Canadá
Edificio principal del Complejo, en donde se encontraban nuestras habitaciones

Allí se veía a clientes con sus propias canoas, preparados para hacer turismo de naturaleza. Es un lugar idílico para pasar varios días si lo que apetece es hacer rutas de senderismo y pasear en canoa. Si eso es lo que buscáis, desde luego este puede ser un sitio perfecto para alojarse. Si solo queréis hacer una parada en el camino, como hicimos nosotros, también es un lugar ideal de relax.

Atardecer en el Lago Paudash: Un momento para toda la vida

Vistas al lago Paudash desde la habitación del Hotel Somerset Lakeside Resort, en Ontario, Canadá
Vistas desde nuestra habitación

Nuestras habitaciones tenían vistas al Lago, pero lo que a mí realmente me apetecía era bajar hasta la misma orilla y sentarme en el embarcadero a contemplar ese paisaje tan espectacular mientras tomaba el sol. A diferencia de los días anteriores, ahora la temperatura era sensacional. Hacía el calor adecuado: podías ir con ropa de verano, pero al sol se estaba de maravilla. ¡Todo un lujo!

Mujer tomando el sol en el muelle del Hotel Somerset Lakeside Resort,  en el Lago Paudash, Canadá

Mi hijo estaba agotadísimo tras el desgaste de energía del día anterior en las Cataratas del Niágara. Había sido un día muy intenso para él, y todo lo que le apetecía era estar descansando en la habitación, con su móvil en la mano (como siempre en cualquier adolescente). Yo no comprendía cómo, teniendo ese entorno del que disfrutar, le podía apetecer estar encerrado, pero ya se sabe, ellos son distintos… Entre el cansancio y su pánico a los mosquitos, después de tumbarse un ratito al sol, se fue para la habitación.

Personas tomando el sol en el muelle del Hotel Somerset Lakeside Resort,  en el Lago Paudash, Canadá

Mi marido y yo nos quedamos a ver el atardecer en las sillas de madera que había en el muelle del hotel, y tuvimos la suerte de hacer unas fotos espectaculares. Creo que éstas son las fotos más bonitas que tuve la suerte de hacer en todo el viaje.

Vistas del atardecer desde el muelle del Hotel Somerset Lakeside Resort,  en el Lago Paudash, Canadá

Esa tarde de paz, viendo el atardecer con mi marido junto al Lago Paudash, la voy a recordar toda mi vida. Mientras miraba cómo el agua iba cambiando de color, solo pensaba: ¡no lo olvides, que esta imagen no la vas a volver a ver en mucho tiempo!

Vistas del atardecer desde el muelle del Hotel Somerset Lakeside Resort,  en el Lago Paudash, Ontario

Desayuno entre ardillas: El adiós al Lago Paudash

El hotel tiene su propio restaurante, así que no necesitas salir del complejo para cenar. Se llama 28 North Bar & Lounge y ofrece comida italiana y americana. Nosotros sólo desayunamos allí, así que es de lo único de lo que os puedo hablar.

Como nos había pasado en otras ocasiones, llegábamos llenos a la cena, tras una comida tardía y abundante. Como mi hijo no opinaba lo mismo, siempre llevábamos algo de picoteo para él. Le ofrecimos tomar una pizza en el restaurante del hotel, pero su pereza fue mayor que su hambre, y se conformó con unas galletas y unos snacks que llevábamos en la mochila.

En cuanto a los desayunos, tienen variedades muy abundantes que eliges y te preparan en el momento. Eso sí, fueron un poco lentos, así que no vayáis con mucha prisa. Nosotros ese día no la teníamos, así que disfrutamos de un copioso desayuno viendo por la ventana cómo las ardillas campaban a sus anchas entre los árboles.

Abundante desayuno en el restaurante del Hotel Somerset Lakeside Resort,  en el Lago Paudash, Canadá
Desayuno en el restaurante del hotel

Si tienes pensado visitar Algonquin Park en tu ruta hacia Ottawa, el Somerset Lakeside Resort es una base ideal, ya que se encuentra a una distancia muy cómoda en coche

Te lo recomiendo 100%. Estas vistas merecen la pena

Vistas del atardecer desde el muelle del Hotel Somerset Lakeside Resort,  en el Lago Paudash, Ontario, Canadá

Pánico en el Silent Lake Provincial Park

La mañana siguiente (nuestro día 13 en Canadá) queríamos aprovechar las primeras horas del día antes de poner rumbo a nuestro destino final: Ottawa

Mi idea original era conocer el famoso Algonquin Park, pero a última hora decidí cambiar el itinerario sin dar explicaciones a nadie. Como yo era la única que había estudiado el viaje y al resto les iba contando los planes sobre la marcha, no tuve necesidad de justificar el cambio. Simplemente pensé en mi marido: él era el único que conducía y debía de estar agotado tras tantos kilómetros a sus espaldas. Como Algonquin no nos venía de paso hacia la capital, opté en el último momento por el Silent Lake Provincial Park, que estaba prácticamente al lado de nuestro alojamiento.

Mi marido se había quejado a lo largo del viaje de que nos faltaba alguna ruta de senderismo, así que mi idea era buscar algo de su agrado para que se quedara contento, a pesar de que al resto del grupo eso de andar por el bosque nos daba más o menos igual. Como ya os dije en otro post, en un viaje grupal, cada uno tiene sus propios gustos e intereses, y hay que intentar contentar un poco a todo el mundo….

Creo que todavía no les he confesado que aquello fue un cambio de planes de última hora… ¡probablemente se estén enterando ahora mismo al leer este blog! Seguramente estarán pensando que el cambio no fue bueno, porque la verdad es que no lo pasamos muy bien en ese momento. Sin embargo, hoy es una de esas anécdotas del viaje con la que más nos reimos.

Entre osos imaginarios y mosquitos guerreros

Buscando las rutas más bonitas del Silent Lake Park, encontré una con críticas excelentes: el sendero “Bonnie’s Pond Trail” (el estanque de Bonnie). Si buscáis opiniones en internet, veréis la cantidad de valoraciones positivas que tiene. Es un sendero circular de sólo 3 kilómetros por un bosque puro, pero señalizado, que llega hasta un estanque.

Sin embargo, nuestra realidad no fue tan positiva. Al llegar al aparcamiento, un cartel nos advertía de la posible presencia de osos. Aunque estos avisos están por todas partes en Canadá, aquí el miedo me caló hondo. A diferencia de La Mauricie, donde vas protegido por el coche, y todo está más “urbanizado”, aquí estábamos en mitad de la naturaleza salvaje y, para colmo… ¡completamente solos!

Mi mente empezó a ver osos por todas partes. Como no llevaba mis gafas de lejos, cada tronco grande me parecía un oso agazapado. Pasé un miedo tonto, todo fruto de mi imaginación. Me reía, nerviosa, para no asustar a los demás mientras deseaba llegar al final.

Sin embargo, para mi hijo y mi marido, el problema no eran los osos: eran los mosquitos.

Íbamos embadurnados en repelente y con pantalón largo, así que yo pensaba que exageraban. Mi hijo, que les tiene pavor, se puso hasta los auriculares para no oírlos. Además, no paraba de dar manotazos al aire, para espantarlos. Mi marido se quejaba de que sentía los picotazos incluso por encima de la camiseta.

Yo, teniendo mi mente centrada exclusivamente en los osos, pensaba que eran unos exagerados, porque a mí no me picaban.

Mientras tanto, mi hermana caminaba en un silencio absoluto, enfocada sólo en no quedarse atrás, dada la velocidad que llevábamos.

Personas haciendo senderismo en el Silent Lake Provincial Park en Ontario, Canadá

¡Qué ganas teníamos de terminar! Cuando llegamos a la bifurcación del famoso estanque, yo quise acercarme, pero los otros tres se negaron en rotundo. ¡Menos mal! No quiero ni imaginar cuántos bichos habría habido junto al agua.

¡La ruta que se hace en una hora y media nosotros nos la ventilamos en 40 minutos! Jamás habíamos caminado tan rápido.
En estas circunstancias, comprenderéis que no tengamos apenas fotos de este momento. ¡Nadie quería pararse a sacar la cámara!

Al llegar al coche, el alivio fue general. Mi hijo respiró al fin en un espacio cerrado y yo me reí de lo lindo, analizando la escena: los cuatro solos, a toda velocidad por el bosque. Si alguien nos llega a ver, era para grabarnos…..

Pero lo mejor vino después: cuando mi marido se quitó la camiseta, tenía la espalda llena de picotazos. El pobre tenía razón: lo habían acribillado a través de la ropa.

Con los picores todavía en el cuerpo y el susto de los osos ya olvidado, pusimos rumbo directo a la civilización. Próxima parada: Ottawa, la capital de Canadá.

Rumbo a Ottawa

Paisaje de Ontario, visto desde el coche

Teníamos por delante 245 km.

Al salir del Silent Lake Park, sigues rodeado de la espesura de las Highlands de Ontario, con carreteras  entre pinos, arces y lagos. Pero a medida que te acercas a la capital, el bosque se abre para dejar paso a paisajes más llanos y agrícolas, con los típicos graneros rojos canadienses.

Mi hijo ya estaba deseando volver a España. Se le estaban empezando a hacer largos tantos días entre adultos y echaba de menos a su grupo de amigos. A él aún le quedaban dos meses de diversión por delante, pero nosotros, que volvíamos al trabajo al día siguiente de aterrizar, empezábamos a ponernos tristes al ver que la aventura llegaba a su fin.

Durante el trayecto aprovechamos para valorar el viaje mientras nos reíamos de nuestra «supervivencia» en el bosque. Por lo visto, no estamos hechos para la vida salvaje. Sin embargo, todos estábamos de acuerdo en algo: el viaje había sido espectacular.

No te pierdas nuestro próximo post Unas horas en Ottawa

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