De paseo por Quebec, la ciudad más europea de Canadá
¿Parece Quebec una ciudad europea? ¿Es como Francia, o como Escocia? En realidad, Quebec es una joya, se parezca a quien se parezca

En nuestro día 6 en Canadá, llegamos a Quebec por la tarde, para alojarnos allí dos noches.
Dicen que es, con diferencia, la ciudad más bonita al norte de México. Yo no sé si será la más bonita, pero es, sin lugar a dudas, una ciudad preciosa. Quebec es una joya europea adaptada a un modo de vida americano. Si de día es maravillosa, de noche no te la puedes perder.
📍 Antes de proseguir: Este post forma parte de nuestra Ruta de 14 días por el Este de Canadá: Guía real de Tadoussac a Niágara. ¡Échale un vistazo para ver el itinerario completo!
Índice
El encanto de llegar al Viejo Quebec: ¿Francia o Escocia?
Cómo moverse por Quebec: ¿Coche, Uber o a pie?
Qué ver en la parte alta de Quebec: El Château Frontenac.
Paseando por la Terrasse Dufferin y la Basse-Ville
Place Royale y el «mejor mirador secreto» de Quebec
La Boutique de Noël: Navidad todo el año
¿Funicular de Quebec o a pie? Mi consejo real
Un descubrimiento con sabor agridulce: Nuestra experiencia gastronómica en Quebec
El encanto de llegar al Viejo Quebec: ¿Francia o Escocia?
El Viejo Quebec (Vieux-Québec), declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es el único núcleo urbano amurallado que queda entre Estados Unidos y Canadá.
Yo había leído en mil guías que pasear por sus calles adoquinadas era como teletransportarse a un pueblito de Francia pero, sinceramente, os tengo que decir que a mí me recordó muchísimo a Edimburgo.
Esa combinación de ciudad amurallada, las cuestas empedradas, el color de la piedra de los edificios y ese aire señorial, me trasladó directamente a Escocia. Es curioso cómo cada viajero conecta los lugares con sus propios recuerdos. Aunque el idioma sea el francés, el «alma» de la ciudad me pareció mucho más británica de lo que esperaba.


Pero bueno, ésa es mi visión personal. Quizás a vosotros sí que os recuerde a Francia… ¡Ya me contaréis en los comentarios qué os parece!
Cómo moverse por Quebec: ¿Coche, Uber o a pie?
Como os adelanté en el post anterior, nuestra estrategia fue clara: dejamos el coche aparcado gratis en la propia puerta de nuestro hotel, La Sainte Paix, y nos fuimos en Uber al centro histórico.
Quebec es una ciudad de cuestas pronunciadas y calles muy estrechas, muy al estilo de muchas ciudades europeas, y meterse allí con un coche de alquiler sin conocer la zona no me parece buena idea. Además, los parkings en el Vieux-Québec son carísimos, por lo que el Uber se convierte en la opción más inteligente: te deja en la puerta y ahorras estrés y también dinero.

Qué ver en la parte alta de Quebec: El Château Frontenac.
El Uber nos dejó directamente frente al Château Frontenac, en la Haute-Ville (parte alta). Es el corazón y el símbolo indiscutible de Quebec, así que tenía claro que sería nuestra primera parada. Este hotel de cinco estrellas se alza majestuoso, pareciendo que controla y admira la ciudad al mismo tiempo. Es tan imponente que te recomiendo preparar la cámara: te aseguro que vas a querer fotografiarlo desde todas las perspectivas posibles.

No nos conformamos con el exterior y entramos a cotillear. Al principio dudamos. No estamos acostumbrados a hoteles de esta categoría y temíamos que el conserje nos frenara al detectar que éramos simples «mirones«. Pero nada de eso: el flujo de gente es constante y nadie te detiene.

Además de admirar el lujo y la elegancia de su interior, aprovechamos para una misión logística: ir al baño. Apuntad este consejo: fue la primera, pero no la última vez que en nuestro tour por Canadá usamos los baños de la cadena Fairmont. ¡Un lujo de cinco estrellas, gratis y disponible en los puntos más estratégicos!
Paseando por la Terrasse Dufferin y la Basse-Ville
Desde la Terrasse Dufferin, el inmenso paseo de madera que está frente al hotel, nos asomamos a admirar la Basse-Ville (ciudad baja) y el Río San Lorenzo. Como en cada etapa de este viaje, el Río engaña a la vista: su anchura y su caudal lo hacen parecer más un mar que un río… ¡Vamos…., más o menos como los ríos de Almería!


Bajamos caminando sin prisa, deteniéndonos en cada rincón para poder fotografiarlo. Quebec es una ciudad llena de esos pequeños detalles que te obligan a parar.
Consultamos en Google Maps la ruta hacia la calle más famosa y fotografiada de la ciudad: la Rue du Petit Champlain. ¡Qué maravilla! Es un escenario de cuento, lleno de tiendecitas decoradas con un gusto exquisito. Incluso de día, las hileras de luces que cruzan la calle estaban encendidas, dándole un aire encantador.


Place Royale y el «mejor mirador secreto» de Quebec
En nuestro recorrido seguimos hacia la Place Royale, donde se encuentra la iglesia de Notre-Dame-des-Victoires, el templo de piedra más antiguo de Canadá. Decidimos detenernos en una de las terrazas de la plaza para tomar un refresco y simplemente ver la vida pasar. El clima era inmejorable. Habíamos dejado atrás el fresco de los primeros días y aún no nos había alcanzado el bochorno que vendría después. Fue uno de esos momentos de paz que se te quedan grabados en el recuerdo.

A unos pasos de la Place Royale nos encontramos con la Fresque des Québécois (el Fresco de los Quebequenses), un espectacular mural de 420 metros cuadrados pintado sobre la fachada de una casa colonial. De acuerdo con lo que he investigado, «esta obra recrea de forma hiperrealista la arquitectura tradicional de la ciudad y borra las barreras del tiempo al reunir en sus balcones y ventanas a quince figuras históricas clave de Quebec —como Samuel de Champlain, Jacques Cartier o Felix Leclerc— conviviendo con ciudadanos comunes de diferentes épocas. Es una de las paradas fotográficas más icónicas del barrio de Petit-Champlain, ya que resume 400 años de historia local en una sola fachada llena de detalles ópticos sorprendentes»

Un sitio al que llegamos por pura casualidad —y del que no sabía nada a pesar de toda la información que había devorado antes del viaje— es un marco de fotos gigante. Tiene un asiento justo en medio y, al sentarte para posar, el Château Frontenac queda perfectamente encuadrado justo detrás de ti.

Tip viajero: Este marco está en en la zona del Vieux-Port (Puerto Viejo), muy cerca de la terminal del ferry que cruza a Lévis. Desde la Place Royale, solo tienes que caminar un par de minutos hacia el río. ¡No os podéis ir sin vuestro retrato aquí!

Nosotros hicimos todo este recorrido por nuestra cuenta, cómodamente paseando, sin prisas. Pero si preferís ir con un tour guiado, que os explique la historia de esta maravillosa ciudad, hay opciones disponibles muy interesantes, como este tour a pie por el casco antiguo con funicular
La Boutique de Noël: Navidad todo el año
Después, nos acercamos a visitar la Basílica-Catedral de Notre-Dame de Québec y, justo al lado, descubrimos una tienda de Navidad maravillosa: La Boutique de Noël de Québec.

¡Me vuelven loca las tiendas de Navidad! Como os podéis imaginar, mi hermana y yo entramos a cotillear cada rincón. Inevitablemente, nos acordamos de nuestra amiga Rita, que es una enamorada de la Navidad. ¡Ella se habría llevado media tienda a casa!. Nosotras nos contuvimos y sólo compramos un pequeño adorno para el árbol como recuerdo simbólico.

Pensé entonces en la cantidad de veces que Quebec me ha aparecido al buscar en internet cuáles son las ciudades más bonitas del mundo para visitar en Navidad. Quebec siempre está entre las primeras, y no me extraña. La ciudad, por sí misma, es una joya. Si en diciembre la decoran con el esmero que se ve en las fotos, debe de ser un destino único. Eso sí, ¡habrá que ir bien preparado para el frío!
Tras salir de la maravillosa tienda de Navidad, a sólo unos pasos, nos topamos con el majestuoso edificio del Ayuntamiento. Es otro de esos rincones que te obligan a sacar la cámara, porque no puedes irte sin inmortalizarlo en tus recuerdos
Y así, entre escaparates y paseos, casi sin darnos cuenta, se nos hizo de noche… y empezó el verdadero embrujo.
No te pierdas el post sobre Quebec de noche: ríndete a su embrujo
¿Funicular de Quebec o a pie? Mi consejo real
Se me olvidaba contaros un detalle logístico importante: existe un funicular que une la Haute-Ville (donde está el Castillo) con la Basse-Ville (la zona de la Rue du Petit Champlain).
Yo ya sabía de su existencia, por lo que imaginaba que la distancia entre ambas zonas sería enorme. Sin embargo, me sorprendió descubrir que en realidad es sólo un pequeño paseo. Salvo que tengas problemas de movilidad, el funicular no es necesario. Se puede hacer el recorrido a pie perfectamente mientras disfrutas de las vistas.
Un detalle importante sobre el pago
Eso sí, si aun así os apetece probarlo por la experiencia, un aviso para navegantes: necesitáis llevar efectivo (al menos así era cuando nosotros viajamos). Como ya os comenté en el post de Consejos prácticos si viajas a Canadá, éste es un país en el que puedes pagar prácticamente todo con tarjeta. El funicular de Quebec fue de los poquísimos lugares en todo nuestro recorrido donde el «cash» era obligatorio. ¡Que no os pille por sorpresa!
Un descubrimiento con sabor agridulce: Nuestra experiencia gastronómica en Quebec
Durante nuestra estancia en Quebec, probamos varios locales cerca del hotel, pero sinceramente, no merecen mención en este blog. No es que comiéramos mal, pero eran sitios de paso, pensados simplemente para matar el hambre. Al ser una zona muy animada, encontraréis infinidad de opciones sin esfuerzo. Pero si alguno de vosotros se aloja por allí y descubre un restaurante que realmente merezca la pena, ¡por favor, dejadlo en los comentarios para el resto de viajeros!

Sin embargo, sí hay un lugar que realmente nos gustó mucho. Fue durante nuestro segundo día, en pleno centro histórico.
Encontramos un restaurante italiano en el que la comida era la típica de este tipo de restaurantes, sin nada extraordinario. Sion embargo, la decoración era tan peculiar, que no te dejaba indiferente. Se trataba del Raffaella Ristorante, ubicado en la Rue Sous-le-Fort, una de las perpendiculares más fotogénicas de la Rue du Petit Champlain. Antiguamente, este edificio albergaba el conocido Côtes & Côtes Restro Grill, pero en nuestro viaje ya funcionaba bajo este concepto italiano tan peculiar.
El encanto del sótano y un encuentro inolvidable
Lo que realmente nos impactó fue la decoración de su comedor en el sótano: entre muros de piedra histórica colgaban unos cuadros de mujeres con los ojos borrados que te obligaban a mirarlos. Eran fascinantes por lo distinto. Era un sitio elegante, misterioso y con una comida bastante buena.

Pero el recuerdo más bonito fue el trato: un joven camarero, al enterarse de que éramos de España, se puso muy contento. Estaba ahorrando para cumplir su sueño de visitar nuestro país y nos preguntó con mucho cariño sobre nuestro viaje. Fue un chico encantador que hizo aún más agradable la comida.
Nota importante (Actualización): Al preparar este post, he visto que lamentablemente el Raffaella ha cerrado sus puertas de forma permanente. Es una verdadera lástima, porque era un local con una atmósfera única. No obstante, os recomiendo acercaros a la Rue Sous-le-Fort de todas formas. Es una calle preciosa y el local es un edificio histórico que seguro pronto albergará un nuevo proyecto que valdrá la pena descubrir.
No te pierdas nuestro Crucero por las Mil Islas en el día 8 de nuestro viaje