¿Decepción o maravilla? Mis impresiones reales sobre Río de Janeiro

¿Estás pensando visitar Río de Janeiro y te preguntas si realmente merece la pena ir? Entra a conocer toda la verdad, y no sólo el Río color de rosa que te cuenta la mayoría de las guías de viaje.

¿Merece la pena ir a Río de Janeiro?
Playa de Ipanema

Río de Janeiro es una ciudad inmensa y llena de contrastes. No pretendo sentar cátedra con lo que voy a contar aquí, sino compartir lo que yo vi, viví y sentí en las zonas que recorrí durante mi viaje.

No esperéis un análisis de los barrios residenciales de lujo o de las favelas, porque no estuve en ellos. Sin embargo, lo cierto es que las favelas están en las laderas de todas las colinas que rodean la ciudad, así que a lo lejos, puedes verlas desde cualquier punto. Así se veía una favela desde la misma ventana de nuestra habitación del hotel, en plena Playa de Copacabana

Favela por el día, vista desde el barrio de Copacabana, en Río de Janeiro
Favela por el día, vista desde el barrio de Copacabana, en Río de Janeiro

Vistas desde la lejanía, hay que reconocer que son pintorescas. Yo diría, que hasta bonitas. Por la noche, cuando se encienden las luces, dan un toque precioso y mágico al entorno. Sin embargo, soy plenamente consciente de que la realidad diaria dentro de ellas es muy distinta a esa postal pintoresca.

Favela  por la noche, vista desde el barrio de Copacabana, en Río de Janeiro

Si tú has visitado alguna, vuelve al blog para contarnos lo que viste y qué sentiste, por favor.

El mito de sus playas 

Tanto mi marido como yo guardamos un cariño  enorme a Río de Janeiro. Lo pasamos de maravilla en la ciudad y siempre que nos viene a la memoria, lo hacemos con una sonrisa y recordando momentos preciosos. 

Sin embargo, si tengo que ser completamente sincera, debo reconocer que hubo partes de Río que me defraudaron.  Una de ellas fueron sus famosísimas playas.

En el imaginario de cualquier español o europeo en general, los nombres de Copacabana e Ipanema suenan a paraíso exótico absoluto. Antes de viajar, uno se imagina que se va a encontrar con las mejores playas del mundo, un edén de arena blanca con un paisaje idílico. Pero la realidad es muy distinta.

Copacabana vs. Benidorm: rompiendo el mito de la postal caribeña

Cuando pones un pie en Copacabana o en Ipanema, te das cuenta de que son, en esencia, playas urbanas normales. 

Sus vistas son a una hilera de edificios altos, con una enorme carretera pegada al paseo marítimo y un tráfico constante. Paisajísticamente hablando, no son nada del otro mundo.

De hecho, mientras me bañaba en Copacabana y miraba la silueta de la ciudad, no pude evitar pensar: «Madre mía, ¡pero si esto parece Benidorm!.

Paseo Marítimo y arena de la Playa de Copacabana, Río de Janeiro

Lo mejor de las playas de Río: su ambiente

Entonces, ¿significa esto que no merece la pena ir? ¡Para nada! Las playas de Río de Janeiro son muy buenas playas. Pero su verdadero valor no está en la playa en sí, sino en su ambiente.

Lo que hace únicas a Copacabana e Ipanema no es la arena, el agua o el entorno paisajístico. Es la vida que desbordan a cualquier hora del día. El desfile incesante de vendedores ambulantes, los grupos de locales jugando al futvóley, la música que suena de fondo, el sabor de una caipiriña bien fría o de un agua de coco en el paseo marítimo… Eso es lo que las hace especiales.

2 caipiriñas con el mar de fondo, en Copacabana

En resumen: si viajas a Río esperando encontrar el Caribe virgen, te vas a llevar una desilusión. Pero si vas dispuesto a contagiarte de la energía y la alegría carioca, te lo vas a pasar en grande. 

Bloco de Carnaval en el Barrio de Leme, Río de Janeiro

La cruda realidad a pie de calle

Nos alojamos en Copacabana y visitamos Ipanema en dos ocasiones. Al ser las zonas más turísticas están bastante cuidadas, pero desde luego no están limpias al estilo al que estamos acostumbrados en España.

De hecho, algo que nos llamó mucho la atención fue el olor. Justo antes de nuestra llegada había caído una gran tormenta tropical, y días después el agua continuaba estancada en muchas calles, lo que generaba un fuerte olor que hacía que tuviera que contener la respiración al pasar por algunos tramos. Puede que incluso no se debiera a la tormenta  y fuera el olor habitual, no sé.  Pero lo cierto es que en algunas zonas olía bastante mal.

El choque con la pobreza y la brecha social

Otra cosa que nos llamó mucho la atención fue la gran cantidad de gente durmiendo en la calle que vimos en el barrio de Copacabana. Nos chocó un detalle: absolutamente todas las personas que veíamos en esa situación extrema eran negras o mulatas. En ningún momento de nuestro viaje vimos a una persona blanca durmiendo en la calle. Es ahí donde te das cuenta de la pobreza que existe en el país y de las grandes diferencias sociales, dependiendo del origen racial.

Ese contraste entre zonas de la ciudad lo pudimos observar cuando visitamos el Centro Histórico. Por un lado, nos encantó el bullicio, el ajetreo constante y las calles abarrotadas de gente. Tenía esa energía tan vibrante de las grandes ciudades. Pero, por otro lado, te entristecía ver el abandono: edificios coloniales que en su día debieron de ser auténticos palacios preciosos y que hoy están hechos polvo, descuidados y rodeados de suciedad.

¿Merece la pena ir a Río de Janeiro?

Siendo totalmente sincera, entre la decepción de las playas urbanas, los malos olores y la palpable pobreza, Río de Janeiro nos defraudó en las distancias cortas, en el paseo a pie de calle.

Pero bueno, sabemos que Brasil es un país maravilloso,  pero con mucha pobreza aún. Eso no fue una sorpresa para nosotros, obviamente. Lo que pasa es que pensamos que Río era como una burbuja dentro del país.  Pensamos que debido a su inmenso turismo, iba a estar mucho más cuidada de lo que está.

Lapa y Santa Teresa: ¿maravilla o decadencia?

En nuestro itinerario también cruzamos los barrios de Lapa y Santa Teresa. En este caso, lo hicimos a bordo de una van turística, callejeando por sus cuestas y rincones pero sin llegar casi a bajarnos del vehículo.

Las guías de viaje os van a pintar estos barrios como lugares bohemios, mágicos y maravillosos. La realidad que se ve a través de la ventanilla es bastante distinta.

Son barrios repletos de edificios antiguos, sí, pero gran parte de ellos está en mal estado. Cuando no lo están, se ven muy descuidados. Es evidente que en la época colonial, cuando esos palacetes señoriales eran nuevos, debió de ser una zona monumental preciosa. Sin embargo, hoy en día son calles un poco dejadas de la mano de Dios.

Calle del Barrio de Santa Teresa, en Río de Janeiro

A veces no entiendo cómo los blogueros e influencers lo pintan todo de color de rosa, como si fuera algo idílico, en lugar de contar la realidad. Lapa y Santa Teresa son sitios pintorescos para ver y comprender la realidad de una parte de la ciudad, pero desde luego no son lugares que te vayan a quitar el aliento ni muchísimo menos, como se lee en algunos sitios.

Las Escaleras de Selarón y el «postureo» de las guías de viaje

Estando por la zona del Centro Histórico, por supuesto fuimos a visitar las famosísimas Escaleras de Selarón. 

A ver, no os voy a negar que son curiosas, muy peculiares y que su gran colorido te regala una foto preciosa. Pero, siendo sincera, no entiendo la fama tan espectacular y desmedida que han cogido en los últimos años.

Personas subiendo las Escaleras de Selaron, en Río de Janeiro

Se han convertido en un «imprescindible» de Río simplemente porque todos los blogs y guías de viajes así lo describen, como un imperdible en un viaje a Río. Al final, a todos nos gusta ir a los lugares emblemáticos para decir que hemos estado allí. Me recordó muchísimo a lo que ya os conté en mi viaje a Canadá con la CN Tower de Toronto: son esos sitios a los que vas por decir que has estado si te preguntan, pero la verdad es que si te lo pierdes, tampoco pasa nada del otro mundo.

En cualquier caso, no os llevéis una impresión equivocada con mis palabras. Son bonitas, y si vais a Río, pues mucho mejor verlas que no verlas. Pero, si no lo hacéis, no son realmente un imprescindible del viaje, como sí lo son el Cristo de Corcovado o el Pan de Azúcar.

Río desde el cielo: una de las maravillas del mundo

Todo lo que os he contado hasta ahora queda en el olvido cuando de pronto admiras la ciudad desde las alturas
De pronto, te encuentras ante una ciudad completamente diferente.
Vista desde arriba, Río de Janeiro no es sólo maravillosa, es mucho más que eso. Posee unas de las vistas más impresionantes que he visto en toda mi vida.

Viendo el Cristo del Corcovado, ¿crees que Río merece la pena?

Nuestra primera gran experiencia fue la subida al Cristo Redentor en el Cerro del Corcovado. Sólo por vivir ese momento, ya merece la pena cruzar el Atlántico y visitar Brasil.

No tengo palabras exactas para describir lo que sentí cuando me vi allí arriba, tan diminuta y pequeña, bajo la sombra de ese Cristo tan espectacular. No me lo imaginaba tan grandioso.

Tuvimos la inmensa suerte de pillar un día de sol sin aglomeraciones. 

¿Merece la pena ir a Río de Janeiro? Cristo Redentor

Poder ver aquella imagen tan imponente, tan grandiosa, tan TODO…,  me hizo sentir muy afortunada por tener la oportunidad de disfrutar de ello. Fue algo maravilloso.

El broche de oro en el Pan de Azúcar

Esta sensación de gratitud a la vida se repitió durante la subida al Pan de Azúcar. 
Si el Corcovado nos había dejado mudos, las vistas desde el Pan de Azúcar terminaron de enamorarnos.

Desde su cima se puede contemplar a la perfección la silueta de la playa de Copacabana desde el cielo, con Ipanema perdiéndose al fondo y las aguas de la bahía rodeando los morros. 
Es una de las postales más bellas del planeta.

Vista de Río de Janeiro desde el teleférico del Pan de Azúcar

Al final, mi marido y yo nos llevamos una conclusión idéntica y muy clara que siempre repetimos cuando nos preguntan por este viaje: Río de Janeiro a pie de calle te puede defraudar y mostrarte una cara dura y pobre, pero desde las alturas, es indiscutiblemente una de las ciudades más hermosas, espectaculares y mágicas de todo el mundo.

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