Cómo visitar el Centro Histórico de Río por libre (Nuestra ruta)

En nuestro segundo día en Río de Janeiro, y tras haber visitado las principales atracciones de la ciudad el día anterior con un Tour organizado, decidimos que era el momento de visitar el Centro Histórico por libre. Podéis leer todos los detalles de esa jornada anterior en nuestro artículo sobre mi experiencia con el tour completo de Río
Reconozco que, debido a los prejuicios y al miedo a la inseguridad, estuve mucho tiempo buscando la manera de hacer la visita al Centro Histórico con una excursión organizada, pero no encontré nada que encajara.
Aunque los famosos free tours son una opción excelente, no se adaptaban a lo que yo buscaba: todos incluían las Escaleras de Selarón (que ya habíamos visto el día anterior) y ninguno pasaba por el Real Gabinete Portugués de Lectura, que para mí era un imprescindible absoluto. Además, los guías te llevaban hasta las puertas de la Confeitaria Colombo (la pastelería más famosa de Brasil), pero sólo para verla por fuera y sin entrar a tomarte nada, algo que yo no me quería perder.
Por otra parte, también nos apetecía callejear a nuestro aire y ver el día a día real de los cariocas, así que finalmente nos armamos de valor. Íbamos con cierto temor por todo lo que habíamos leído y, para colmo, teníamos otra cosa en contra: no teníamos datos en el móvil, lo que complicaba bastante la orientación.
💡 Truco viajero: Al no contar con datos, la noche antes, con el wifi del hotel nos descargamos el mapa de la zona en la aplicación de Google Maps para usarlo sin conexión. Gracias a eso pudimos seguir nuestro recorrido por el centro en tiempo real ¡Un salvavidas!
Eso sí, si vas por tu cuenta, como hicimos nosotros, hazlo exclusivamente de lunes a viernes en horario comercial, ya que algunas zonas del Centro Histórico quedan desiertas al caer la tarde y durante los fines de semana.
Si preferís hacer un recorrido guiado con un grupo, además de los famosos free tours también hay opciones de pago, en la que los grupos son más reducidos, o incluso tours privados sólo para tu grupo. Elige la que mejor se adapte a tus necesidades.
Índice
Real Gabinete Portugués de Lectura

El transporte: Cómo llegar y volver del Centro
Para ir desde nuestro alojamiento hasta el centro utilizamos Uber, que reservamos directamente desde el hotel aprovechando el wifi. Uber es, sin duda, la mejor forma de moverse por Río de Janeiro: funciona de maravilla, es seguro y muy barato
A la vuelta no nos quedó más remedio que tomar un taxi convencional en plena calle, ya que al no tener internet fuera del hotel nos era imposible pedir otro Uber. Sin embargo, y a pesar de la enorme distancia que separa el Centro Histórico de la Playa de Copacabana, el taxi de regreso nos costó solo 8 euros (precios de febrero de 2024).
Cinelândia (Plaza Floriano Peixoto)
Le indiqué a la aplicación de Uber que nos llevara hasta la Plaza Floriano Peixoto, el corazón del Centro Histórico de Río de Janeiro. Esta plaza es conocida popularmente entre los cariocas como Cinelândia, un sobrenombre que obtuvo en la década de 1930 debido a la gran cantidad de cines, teatros y locales de vida nocturna que albergaba en esa época.
La plaza está rodeada por imponentes edificios de arquitectura Belle Époque y concentra algunas de las instituciones culturales más importantes de Brasil:
- El Teatro Municipal: Un majestuoso edificio inspirado en la Ópera de París.
- La Biblioteca Nacional: La más grande de América Latina.
- El Museo Nacional de Bellas Artes: Alberga una de las colecciones de arte más importantes del país.
- El Palacio Pedro Ernesto: La sede de la Cámara Municipal de la ciudad.

El Largo da Carioca: el pulso del centro de Río
Desde Cinelândia caminamos hacia el Largo da Carioca, una plaza muy concurrida situada a sólo 400 metros de distancia.
Es uno de los espacios más dinámicos e históricos del centro de la ciudad. Este espacio peatonal funciona como un importante nudo de transportes gracias a su estación de metro, lo que genera un tránsito constante de personas durante los días laborables.
Además del monumental Convento de Santo Antônio (un complejo colonial del siglo XVII situado en lo alto de un pequeño morro), en mitad de la plaza destaca su famoso reloj de hierro fundido de principios del siglo XX. Este reloj histórico ha sido el punto de encuentro tradicional de los habitantes de la ciudad durante décadas y contrasta directamente con los modernos rascacielos de oficinas que rodean el lugar.
Muy cerca del Largo da Carioca se encuentra la famosa Confitería Colombo, pero sorprendentemente no abre sus puertas hasta las 11:00 de la mañana. Como todavía era temprano y la encontrábamos cerrada, decidimos alterar el orden de la ruta y dirigirnos primero hacia el Real Gabinete Portugués de Lectura, que abría a las 10:00.
El trayecto a pie: Descubriendo el Río real
En el camino hacia el Real Gabinete Portugués de Lectura fuimos admirando el día a día de los cariocas. Había infinidad de comercios abiertos y las calles estaban llenas de gente. Había también mucho comercio ambulante. Algunas calles estaban repletas de tenderetes vendiendo ropa.


Éste es un Río alejado de las guías turísticas tradicionales y, de hecho, por esas calles éramos prácticamente los únicos extranjeros.
Es cierto que son zonas donde se percibe más la pobreza, la suciedad o el abandono si lo medimos bajo los estándares europeos, ya que no son lugares de paso para el turismo. Sin embargo, no podemos mirar estos lugares únicamente con nuestros ojos: dentro de la realidad de Brasil, ésta seguramente es una zona comercial activa y atractiva para la gente local, situada en el extremo opuesto de lo que son los barrios con más pobreza y más peligrosos de la ciudad, las famosas favelas.

Por estas mismas calles también vimos antiguas construcciones de estilo colonial que eran preciosas. En un entorno más cuidado, habrían sido verdaderas joyas turísticas. Eran edificios con una arquitectura que destacaba notablemente sobre los demás y que, con total seguridad, guardaban una historia interesante detrás de sus fachadas.




A mí me encantó conocer esta faceta de Río de Janeiro. Ver la vida real de una parte de la ciudad que no sale en los folletos te ayuda a poder contrastar y comprender un poco más el destino en su conjunto. Obviamente, haciendo esto tampoco es que pretendiéramos conocerla o comprenderla a fondo —sería imprudente afirmarlo—, pero, al menos, nos llevamos una pequeña pincelada de la realidad local que no habríamos descubierto de no haber ido por nuestra cuenta.
El Real Gabinete Portugués de Lectura: Una joya oculta
Llegamos al Real Gabinete a las 10:00 en punto, pero todavía permanecía cerrado. Allí ya coincidimos con varios turistas, por lo que nos quedamos esperando hasta que abrieron las puertas, unos 10 minutos después. Nos sorprendió bastante que el entorno de una biblioteca tan emblemática estuviera tan poco cuidado. La verdad es que la calle en la que se ubica presenta un aspecto muy deteriorado.
Sin embargo, al cruzar el umbral del edificio nos quedamos con la boca abierta. Jamás en la vida habíamos visto una biblioteca tan bonita. No tengo palabras suficientes para describir su belleza. Su imponente arquitectura y las estanterías de madera repletas de libros antiguos crean una atmósfera única.


Por eso, os recomiendo encarecidamente que si vais a Río de Janeiro no os la perdáis bajo ningún concepto. Además, su entrada es completamente gratuita. En cualquier caso, y aunque no lo fuera, merecería totalmente la pena pagar una entrada para visitarlo, ya que se trata de un lugar imponente.

Parada en la Iglesia de San Francisco de Paula
Al salir del Real Gabinete, ya de camino de nuevo hacia la Confitería Colombo, pasamos por un templo monumental: la Iglesia de San Francisco de Paula, uno de los edificios católicos más grandes e importantes del Centro Histórico.
Desafortunadamente no entramos a ver su interior, algo de lo que ahora me arrepiento, pero su preciosa fachada justificó por completo que paráramos un momento a contemplarla.

Confitería Colombo: Una parada imprescindible
Llegamos a la Confitería Colombo a las 11:00 en punto y unos minutos después abrieron sus puertas. Ya nos encontramos con una pequeña fila de espera. Afortunadamente, entramos rápido y conseguimos mesa sin ningún problema.
Fue una decisión acertada el llegar justo en el momento en que abrían, porque apenas quince minutos después la cola que se había formado en el exterior era larguísima. Si hubiéramos tardado un poco más, nos habría tocado esperar un buen rato para poder sentarnos. Desde luego, está claro que cuando un sitio aparece en todas las guías turísticas, acudimos en masa.

En cualquier caso, el sitio merece totalmente la pena. El interior es realmente bonito, muy lujoso y con una atmósfera que te transporta directamente a principios del siglo XX.
Además, hay que reconocer que la repostería es exquisita.
¿Vale la pena la Confitería Colombo? Precios y experiencia
Aunque apenas eran las 11:00 de la mañana, nos habíamos levantado tan temprano que el desayuno del hotel ya quedaba en el olvido. Para celebrar que estábamos en Río de Janeiro, y dado que no somos amantes del café, decidimos saltarnos la norma e innovar: nos decantamos por un par de caipiriñas. Desconozco si en Brasil es habitual acompañar los pasteles con este cóctel, pero lo cierto es que la combinación nos supo a gloria.

En cuanto al precio, seguramente se trate de un lugar bastante más caro en comparación con otras pastelerías de la ciudad. Sin embargo, teniendo en cuenta la larga fila de gente esperando para entrar, la belleza del lugar y la calidad de sus pasteles, a nosotros nos pareció un lugar realmente económico para lo que ofrece.

Como dato extra para vuestro viaje, si os apetece disfrutar de esta misma repostería pero con unas vistas increíbles al mar, debéis saber que existe una sucursal más moderna ubicada en el Fuerte de Copacabana. Os recomiendo echar un vistazo a nuestro artículo donde os damos una guía detallada de la Playa de Copacabana, en la que se explica en qué lugar exacto se encuentra la sucursal de esta mítica confitería.
El kilómetro cero de la historia: La Plaza XV de Noviembre
Con las fuerzas completamente renovadas tras el paso por la Confitería, decidimos estirar un poco más el paseo antes de regresar al hotel y nos dirigimos hacia la Plaza XV de Noviembre (Praça XV para los cariocas).
Esta plaza es, históricamente hablando, el rincón más importante de todo Río de Janeiro. No es sólo un espacio bonito, sino el auténtico kilómetro cero de la historia de Brasil.
Su nombre actual conmemora el día de la Proclamación de la República (15 de noviembre de 1889), pero durante siglos fue el epicentro del poder colonial e imperial. Al estar pegada a la Bahía de Guanabara, era el muelle por el que desembarcaba todo aquél que llegaba a la ciudad. De hecho, hoy en día todavía se ubica allí la Terminal de Barcas, de donde parten los ferris que cruzan la bahía hacia localidades vecinas.
Durante nuestro recorrido por la Plaza también pudimos contemplar el Paço Imperial, el edificio colonial que sirvió de residencia a la Familia Real portuguesa tras su llegada en 1808.
Tras pasear un rato por esta Plaza, dimos por concluida nuestra visita a esta parte de la ciudad y cogimos un taxi de vuelta a la Playa de Copacabana.
Dejábamos atrás un Centro Histórico ruidoso y vibrante, lleno de contrastes, que nos demostró que Río de Janeiro es muchísimo más que sus famosas playas.