Al grano: qué ver en Montreal en un día
Siendo Montreal una ciudad francesa en su origen, uno se pregunta antes de verla si parece una ciudad europea, o por el contrario es una ciudad al más puro estilo americano. En este post te contaré por qué se trata de una ciudad de contrastes, en la que conviven los dos mundos. Te contaré también qué lugares no te puedes perder en tu visita a Montreal, para que no des vueltas innecesarias y vayas «al grano»

📍 Antes de proseguir: Este post forma parte de nuestra Ruta de 14 días por el Este de Canadá: Guía real de Tadoussac a Niágara. ¡Échale un vistazo para ver el itinerario completo!
Índice
Del Puerto Viejo a la «Ciudad Subterránea»
Vistas de vértigo y una reflexión sincera
Esa mañana nos despertamos muy temprano. El cuerpo todavía no entendía el nuevo horario y a las cuatro de la mañana yo ya estaba con los ojos como platos. ¡Cosas del jet lag! Era nuestro día 2 en Canadá, y nuestro plan era pasar todo el día conociendo Montreal.
Flexibilidad ante todo: Cambio de planes
Mi idea inicial era empezar por el Mirador Kondiaronk (Belvédère Kondiaronk), que se encuentra en la cima del Parque Mont-Royal, que es el pulmón verde más importante de la ciudad
Tenía previsto llegar en Uber para ahorrarme las interminables escaleras, pero la predicción anunciaba lluvia y neblina. Como no queríamos perdernos las vistas, invertimos el orden: empezaríamos por el centro y dejaríamos el mirador para la tarde, cuando se esperaba sol.
Basílica de Notre-Dame: Una parada obligatoria

El Uber nos dejó en la puerta de la Basílica de Notre-Dame. Yo ya llevaba las entradas compradas desde España en su página oficial, y como no tienen un horario fijo de entrada, no hubo problema.
También se pueden comprar en taquilla, pero lo hagáis de una forma o de otra, entrar es obligatorio. No puedes irte de Montreal sin visitar esta maravilla que a nosotros nos dejó con la boca abierta.
Sinceramente creo que lo que la hace tan bonita es su cuidada iluminación. Está claro que una buena iluminación que haga resaltar lo más bonito de un lugar es esencial para darle un efecto mágico. Aquí lo han conseguido.


Del Puerto Viejo a la «Ciudad Subterránea»
Callejeamos por el centro visitando el Viejo Ayuntamiento y el Puerto Viejo, para después dirigirnos hacia la zona nueva, llena de grandes avenidas y comercios.



Como seguía chispeando, aprovechamos para conocer la famosa Ciudad Subterránea (RÉSO).
Se trata de una red de más de 32 km de túneles que conecta centros comerciales, hoteles y metro para proteger a los habitantes del frío extremo que sufre Canadá durante el invierno. Sinceramente… una vez allí, no esperéis nada espectacular. Son centros comerciales y poco más. En invierno será una bendición, pero en verano nosotros sólo queríamos salir de allí en cuanto dejara de llover. ¡No habíamos ido a Canadá a ver tiendas!


Dónde comer: Les 3 Brasseurs
Para comer, nos llamó la atención un local en plena Rue Sainte-Catherine con aspecto de pub irlandés: Les 3 Brasseurs. La decoración de madera oscura y el ambiente de taberna clásica nos gustaron desde el primer momento. Es una microcervecería donde fabrican su propia cerveza en unas cubas enormes que puedes ver allí mismo mientras comes.
Más adelante volveríamos a ver este mismo local en otras ciudades, así que descubrimos que en realidad se trata de una cadena de restaurantes. El menú es estupendo si buscas algo rápido pero con un toque de calidad. No es la típica hamburguesería de comida rápida, sino un restaurante informal con una relación calidad-precio bastante buena (teniendo en cuenta que los precios en Canadá siempre son un poco más elevados que en España).
Yo elegí la hamburguesa de pulled pork y estaba exquisita. Volvimos a pedir la poutine de acompañamiento para comparar, y aunque esta vez estaba mejor, seguimos prefiriendo las patatas normales. El problema es que la salsa acaba ablandando la patata y le quita el toque crujiente. ¡Había que darle una segunda oportunidad, pero nos rendimos!

El desafío del Mirador Kondiaronk
Con las pilas cargadas, nos dirigimos andando hacia el mirador. Como estábamos cerca del inicio de las escaleras, decidimos subirlas. Yo había leído que eran muy largas, pero no me imaginaba que eran interminables…. Mientras mi marido y mi hijo subían sin despeinarse, mi hermana y yo tuvimos que hacer mil paradas para coger aire. ¡Definitivamente, no estamos en forma!
Vistas de vértigo y una reflexión sincera
Una vez arriba, se te olvida el suplicio de los escalones. Había salido el sol y el día había mejorado muchísimo. Ante nosotros se extendía una ciudad de rascacielos al puro estilo americano. Habíamos dejado atrás las calles europeas del centro, tan distintas a lo que veíamos en ese momento.

Montreal es, de hecho, la ciudad de los contrastes: si Quebec es europea y Toronto es puramente norteamericana (casi como ir a Nueva York), Montreal es una mezcla de ambos lados del océano. Sin embargo, también os digo que fue la que menos nos gustó del recorrido. Siendo una mezcla de sabores, creemos que le falta la «chispa» y el carácter auténtico que sí tienen las otras dos.
Volvimos a coger un Uber hacia el hotel. Estábamos agotados tras patear la ciudad y subir un millón de escalones, así que picamos algo rápido para cenar en uno de los muchos locales que había en la carretera justo al lado de nuestro alojamiento, y directos a dormir. ¡Al día siguiente nos esperaba un día de lo más emocionante!