Tour de snorkel en Cozumel: Palancar, Colombia, El Cielo y El Cielito
¿Quieres saber todo lo que vas a descubrir si te animas a hacer la excursión de snorkel a la isla de Cozumel? Te lo aseguro: ni te imaginas lo mucho que te va a fascinar. Hasta que no estés allí sumergido en sus aguas cristalinas y viviéndolo en primera persona, va a ser casi imposible que te hagas una idea de lo increíble que es.

En este artículo te voy a detallar, paso a paso, qué vas a encontrar en cada una de las paradas que hará tu embarcación a lo largo del recorrido.
Pero antes de entrar en materia, para sacarle el máximo partido a tu visita te recomiendo leer primero mis otros dos posts sobre esta experiencia:
Snorkel en Cozumel: NO COMETAS ERRORES. Recomendaciones imprescindibles que te vendrán de maravilla a la hora de planificar el viaje.
Cómo elegimos NUESTRO TOUR de SNORKEL en Cozumel: Las razones concretas por las que elegimos esta excursión y no otra, y cómo gestionamos los imprevistos que nos surgieron
Los arrecifes de Palancar y Colombia
Una vez que subimos a la embarcación (en nuestro caso era una lancha con unas 16 ó 18 personas), lo primero que hicieron fue darnos un chaleco salvavidas obligatorio para la navegación.
Pusimos rumbo a la zona de snorkel y, tras unos 30 minutos de trayecto en los que tuvimos que hacer una pequeña pausa porque nos cayó un buen chaparrón en pleno mar, la lluvia paró y llegamos directamente a nuestro primer destino: los arrecifes de Palancar y Colombia.

Al llegar, el guía nos dio las instrucciones para el salto al agua y nos ofreció un sistema diferente:
El chaleco inicial: Sólo se utiliza por seguridad mientras la lancha está en movimiento.
El cinturón flotador para el agua: Para hacer snorkel, nos dieron un flotador que se ata a la cintura.
El guía nos aconsejó ponérnoslo a todos, recordándonos que, aunque se supiera nadar perfectamente, 45 minutos en el agua cansan a cualquiera que no esté muy acostumbrado. Y la verdad: ¡fue un acierto total! La inmensa mayoría del grupo se lo puso y nos vino de maravilla para flotar relajadamente sin gastar energías innecesarias.
¿El único «pero»? Si eres de los que les gusta sumergirse para bajar hasta el fondo a bucear, el flotador te tira hacia arriba. La solución que encontró la gente que quería bajar fue muy sencilla: se desabrochaban el flotador, lo dejaban flotando sobre la superficie mientras se sumergían hacia el fondo (aprovechando que el mar estaba tranquilo) y al subir se lo volvían a poner sin problema.

Qué verás en Palancar y Colombia
Ambos arrecifes están pegados y forman parte del Parque Nacional Arrecifes de Cozumel (integrado en el famoso Gran Arrecife Maya). Al ser continuos, realizamos la actividad nadando de uno a otro durante casi 45 minutos.
Nadar por estos dos arrecifes es como sumergirse en un acuario gigante en pleno Mar Caribe.
La profundidad varía según la zona exacta del arrecife, alcanzando hasta 15 metros en los cortes más profundos del muro de coral, según he leído.
La claridad del agua en esta zona es tan brutal que, aunque el fondo esté a varios metros de profundidad, la luz del sol lo ilumina todo permitiéndote ver cada detalle desde la superficie sin esfuerzo.
Es increíble la cantidad de peces que hay nadando junto a ti, moviéndose entre los corales. El guía va gritándote para que no te pierdas nada cuando algo es especialmente bonito o llamativo, y va nadando hasta allí, para que todos lo sigamos
En un momento del baño el guía nos gritó a todos: ¡TIBURONES…..! Reconozco que nos asustamos durante unos segundos. No entendimos si era para que huyéramos o para que no nos los perdiéramos. Cuando lo vimos a él, tan tranquilo, nos relajamos. El susto sólo nos duró un par de segundos, afortunadamente (¡cuánto daño ha hecho Spielberg!)
Ver a esos pequeños tiburones nadando bajo nosotros fue fantástico. Los puedes ver en este vídeo
Si no sabes nadar, esta excursión es también para ti
Aquí vino la primera gran sorpresa del día: en nuestro grupo había algunas personas que no sabían nadar.
Sinceramente, me pareció de una valentía increíble. Hacer una excursión que es casi 100% de snorkel sin saber nadar impone muchísimo, pero dos o tres de estas personas no lo dudaron ni un segundo. Se tiraron al agua con sus chalecos salvavidas, sus gafas de bucear y agarrados a un flotador gigante conducido por el guía, quien no se separó de ellos en ningún momento para que pudieran disfrutar del fondo marino con total seguridad.
La tripulación y las fotos: ¿merece la pena el fotógrafo oficial?

Nuestra lancha contaba con una tripulación de tres personas: el capitán al mando de la embarcación, el guía que nos acompañaba en el agua y una fotógrafa oficial encargada de inmortalizar la experiencia (servicio extra, a pagar aparte del precio de la excursión)
Como suele ser habitual en este tipo de tours, te ofrecen un reportaje fotográfico tanto buceando como en la famosa playa de El Cielito. En nuestro caso, llevábamos la típica funda acuática para el móvil, pero la verdad sea dicha: el plástico transparente interfiere muchísimo con la cámara y las fotos que sacas con el teléfono no quedan con buena calidad.
Al principio nadie del grupo parecía interesado en el servicio de la fotógrafa, hasta que mi hijo me lo sugirió. Pensé que iba a ser muy caro e iba a descartar la sugerencia, pero cuando me dijo que el precio era de 600 pesos por persona (unos 30 euros al cambio) por un reportaje completo durante todo el tour, incluyendo vídeos en alta resolución sumergido en el agua, me pareció que era un precio más que aceptable, la verdad.
Mi hijo disfrutó muchísimo posando mientras buceaba y las tomas salieron espectaculares. De hecho, prácticamente todas las fotos de esta serie de posts sobre Cozumel son las que nos hizo ella. ¡Un acierto total contratarlo!
Segunda parada: El Cielo y el encuentro con las estrella del mar (¡y una sorpresa!)

Tras 45 minutos disfrutando del arrecife, tocó volver a la lancha. Reconozco que subir la escalerilla descalza escuece un poco en los pies, pero nada grave: la tripulación te echa una mano enseguida para ayudarte a subir con total seguridad.
Navegamos unos minutos más hasta llegar a la segunda parada: El Cielo.
Esta zona recibe su nombre porque su fondo marino de arena blanca está repleto de estrellas de mar de un color rojizo espectacular, haciendo que parezca un verdadero cielo estrellado bajo el agua. Está prohibidísimo tocarlas ni sacarlas del agua, ya que mueren asfixiadas en pocos segundos.
A diferencia de los arrecifes, aquí la profundidad baja a unos 3 ó 4 metros. Sigue siendo una zona de buceo puro, ya que no se toca pie.

El agua era tan cristalina que cuando el sol se reflejaba en la superficie, el mar tomaba un tono de azul tan intenso y maravilloso como jamás había visto en mi vida
Aunque en los arrecifes de Palancar y Colombia suele ser más fácil ver tortugas y nosotros no tuvimos suerte allí.
Sin embargo, ¡aquí SÍ la tuvimos!: pudimos ver una TORTUGA MARINA nadando a una velocidad increíble justo a nuestro lado. ¡Fue maravilloso, la verdad!
Tercera parada: El Cielito (el verdadero paraíso caribeño)
A sólo unos minutos en lancha llegamos al broche de oro del tour: El Cielito.
Para que os hagáis una idea, no es una playa al uso a la que puedas llegar caminando, sino una especie de banco de arena en medio del mar donde el agua apenas te llega por la cintura.

Si en El Cielo el color del agua impresiona, en El Cielito directamente te deja sin palabras. Es un tono cristalino tan perfecto que cuando se reflejaba el sol, parecía de mentira.
El Cielo y El Cielito están una literalmente al lado de la otra, a escasos 2 ó 3 minutos en lancha. Pero aunque están pegadas, son dos zonas con características muy distintas.

El Cielito es una parada es pura fiesta y relajación:
El ambiente: Te bajas directamente de la lancha y el agua apenas te llega a la cintura. Había varias embarcaciones agrupadas, con música de fondo de los barcos y un ambiente superalegre. Es una auténtica piscina natural
Picoteo dentro del agua: La tripulación te sirve un aperitivo de guacamole con nachos y unas margaritas (o refrescos) directamente en el agua. Comer y beber en mitad del Caribe es una experiencia de postal absoluta.
Encuentro con las mantarrayas: Mientras nos relajábamos, varias mantarrayas pasaban nadando tranquilamente entre nuestras piernas como si nada. Fue un momento verdaderamente idílico.
Si yo pude con 52 años y cero experiencia, ¡tú también puedes!
Quiero mandar un mensaje muy directo a quien me esté leyendo: no dejes que el miedo o la falta de experiencia te priven de esto.
Tengo 52 años, no soy deportista ni especialmente aventurera. Para que te hagas una idea, era la primera vez en mi vida que hacía snorkel, más allá de haberme puesto en alguna ocasión las gafas de bucear durante unos minutos en las playas de Almería (por cierto, si os gusta el snorkel, los fondos marinos de Cabo de Gata también son espectaculares)
Si te soy totalmente sincera, estuve a punto de no bajarme de la lancha. Me daba miedo que la actividad fuera demasiado dura para mí. Además, para entrar al agua te piden que te lances de un salto desde la embarcación (te explican que bajar por la escalera de mano para tirarte es más peligroso porque te puedes resbalar). Sinceramente, creo que ese obligatorio salto echó para atrás a un pequeño grupo de personas que prefirió quedarse arriba.
Mientras yo dudaba en la borda, una señora mexicana del grupo me miró y me dijo:
«¿Pero cómo vas a venir desde tan lejos para perderte esta maravilla? ».
Tenía toda la razón del mundo. ¿Cómo me iba a perder semejante espectáculo después de haber recorrido miles de kilómetros desde España hasta la Riviera Maya?
Me armé de valor, salté… ¡y fue una de las mejores decisiones del viaje! No resultó para nada agotador gracias a los flotadores de cintura y a lo tranquilo que estaba el mar. Salvo que seas una persona muy mayor o con problemas de movilidad reducida, te garantizo que lo puedes hacer perfectamente.