¿Vale la pena un tour organizado en Río de Janeiro? Mi experiencia

Si no vas a estar mucho tiempo en la ciudad y quieres ver lo más importante en un solo día, hacer un tour guiado por Río de Janeiro es la mejor opción, pues es una ciudad inmensa con distancias enormes de un punto a otro. Haciéndolo por tu cuenta perderás mucho tiempo en los traslados.

En este post te voy a contar cuál fue nuestra experiencia en el tour completo de Río de Janeiro que elegimos, para que decidas si te conviene o no. No obstante, hay muchos tours muy similares que ofrecen más o menos lo mismo, con precios parecidos y todos con muy buenas puntuaciones. Lo importante es que decidas tú mismo si te merece la pena el tour, o por el contrario prefieres hacer las diferentes visitas por tu cuenta.

Índice

Horario

Alina, nuestra maravillosa guía

Escaleras de Selaron

Catedral Metropolitana

Cristo Redentor del Corcovado

Santa Teresa y Lapa

Pan de Azúcar

¿Qué horario es mejor para el tour completo por Río de Janeiro?

Tras pasar horas y horas leyendo opiniones, comparando precios y buscando en internet, decidí reservar un tour completo que incluyera los principales puntos emblemáticos de la ciudad. Quería verlos todos en un día, y la excursión guiada me facilitaba mucho los traslados. Además, debido al miedo con que aterrizamos los europeos en países de Iberoamérica por los problemas de seguridad, me tranquilizaba mucho que justo el primer día fuéramos acompañados por un guía.

La plataforma me daba a elegir entre dos horarios: uno que empezaba temprano, a las 9 de la mañana, y otro a las 12 y media del mediodía. Aunque el segundo horario pueda parecer un poco raro para empezar un tour de un día, lo elegí a conciencia por pura precaución. Os aconsejo que hagáis lo mismo si estáis en una situación similar a la nuestra.

Y es que nuestro vuelo de larga distancia desde España aterrizaba la noche anterior. Yo no sabía si íbamos a llegar puntuales o no. Si el vuelo se retrasaba unas horas (algo perfectamente normal) y en lugar de llegar al hotel a las once de la noche llegábamos a las tres o cuatro de la madrugada, tener que madrugar para empezar una excursión a las 9:00 h tras un viaje transatlántico habría sido agotador. Elegir las 12:30 h nos daba un margen perfecto de seguridad para descansar bien, pasara lo que pasara con el vuelo.

Además, este horario tenía el gancho perfecto: el itinerario estaba diseñado cronológicamente para terminar viendo el mítico y famoso atardecer desde lo alto del Pan de Azúcar. El plan incluía el Cristo Redentor del Corcovado, las Escaleras de Selarón, la Catedral Metropolitana y el recorrido panorámico en van por Lapa y Santa Teresa.

Las Escaleras de Selaron y la Catedral Metropolitana tienen entrada gratuita, pero en el caso del Cristo y del Pan de Azúcar, en los que sí hay que pagar, este tour incluía las entradas. Lo que no incluía, que sí hacían otros, era una comida a mitad de excursión en un restaurante tipo buffet libre. La verdad es que no me apetecía perder un valioso tiempo en Río comiendo en un restaurante de ese tipo con un tour organizado. Preferíamos comer lo que fuera y tener más tiempo para ver los puntos turísticos principales de la ciudad. Ya cenaríamos bien. En ese momento, la comida pasaba a un plano secundario.

Sin embargo, hay tours muy competitivos de precio y muy completos que incluyen la comida. Puede que tú lo prefieras, así que adelante, porque también cuentan con buenas opiniones.

Aquí os dejo el enlace que os llevará directos a la plataforma de Getyourguide en la que podréis elegir entre varios tours. Analizadlos y elegid el que más se adapte a vuestras necesidades: Tour completo con puesta de sol en el Pan de Azúcar

Nosotros realizamos el tour en febrero de 2024, así que puede que en el momento en que consultéis ya no ofrezcan con exactitud lo mismo que hicimos nosotros. Sin embargo, la variación puede ser muy poca, con total seguridad.

Nuestro gran golpe de suerte: un tour privado a precio de saldo

A las 12:30 h en punto nos vino a recoger la van al hotel y ahí llegó la sorpresa más increíble del viaje. Al subirnos, descubrimos que éramos los dos únicos turistas que habíamos reservado el tour en ese horario.

Sí, como lo leéis. Por el precio de una excursión grupal normal y corriente, tuvimos a nuestra disposición un conductor, una guía oficial para nosotros solos durante las 8 horas que duraba la experiencia, y una minivan estupenda en exclusiva para nosotros dos.
Si os digo la verdad, al principio no nos gustó ser los únicos viajeros. Siempre es agradable conversar con otra gente, y más tratándose de una excursión tan larga. Pero luego nos alegramos, porque tuvimos en exclusiva a nuestra maravillosa guía, Alina.

Hombre y mujer en el interior de la Catedral Metropolitana de Río de Janeiro

Aquí está Alina junto a mi marido. Y no, no se pusieron de acuerdo ese día para vestirse….

Hablaba español con mucho acento, y reconozco que en ocasiones me costó entenderla. Pero era una mujer muy agradable y muy inteligente, con la que se hizo muy ameno pasar el día. Al estar solos con ella, pudimos sacar temas de conversación con los que no nos habríamos atrevido de estar con otra gente. Hablamos de política, de la situación económica del país, de la realidad de las favelas y de cómo era la vida en general para un trabajador en esa gran ciudad. La recordamos con mucho cariño y esperamos que la vida realmente le sonría, porque es una trabajadora nata y se lo merece.

Siguiendo con el relato, os cuento que el motivo de que estuviéramos completamente solos no fue otro que el miedo a nuevas tormentas. Por un lado, es verdad que las 12:30 h es un horario menos deseado por la gente porque te parte el día en dos. Pero el factor clave que provocó la ausencia total de turistas —así nos lo confirmó Alina— fue la oleada de cancelaciones masivas debido a la brutal tormenta tropical del día anterior.

Las predicciones meteorológicas para nuestra jornada seguían dando riesgo de tormentas fuertes, así que la mayoría de los viajeros prefirieron no arriesgarse y cancelaron sus reservas a última hora.

Si os digo la verdad, nosotros no sabíamos que la predicción del tiempo anunciaba tormentas ese día. En la aplicación del móvil que nosotros consultábamos, no decía nada de lluvia ese día. Parece ser que nuestra aplicación “era la buena”

El cielo de Río se alía con nosotros

Y aquí es donde nuestra suerte se multiplicó por mil: no cayó ni una sola gota de agua en todo el día. Es más, desde bien temprano en la mañana y hasta bien pasadas las cinco de la tarde, disfrutamos de sol y un tiempo increíble. Hacia el final de la tarde el cielo se encapotó, pero nunca llegó a llover.

Alina no paraba de repetirnos la tremenda suerte que habíamos tenido. Normalmente, visitar los iconos de Río de Janeiro requiere cargarse de paciencia: subir al Cristo del Corcovado suele implicar colas kilométricas, y para tomar los dos teleféricos (bondinhos) que te elevan hasta la cima del Pan de Azúcar lo habitual es perder muchísimo tiempo esperando turno.

Nosotros, en cambio, vivimos una realidad paralela: fue llegar y subir directamente a cada atracción, sin un solo minuto de espera. Debido a las cancelaciones, los monumentos más masificados de Brasil estaban sin aglomeraciones. Un golpe de suerte, sin lugar a dudas.

Nuestra visita a las Escaleras de Selarón sin turistas

Varias personas en las Escaleras de Selaron, Río de Janeiro

Esta carambola del destino se repitió cuando llegamos a las Escaleras de Selarón.

Si habéis buscado información sobre este rincón, sabréis que lo normal es encontrárselo abarrotado de gente, teniendo que esquivar cabezas de otros turistas continuamente.

Sin embargo, a la hora que llegamos, pudimos pasear con total tranquilidad y hacernos la mítica foto en los escalones con poquísima gente alrededor. Algo que, en temporada alta y a mitad del día, es un auténtico milagro.

Varias personas subiendo las Escaleras de Selaron, Río de Janeiro

El almuerzo improvisado (y mágico) 

Nuestra primera comida en Río de Janeiro, en realidad, no fue una comida como tal.

Al tratarse de un tour de unas 7 horas seguidas, en el que no habría una parada oficial para almorzar en un restaurante, trazamos un plan: desayunamos de forma contundente en el buffet del hotel y, justo antes de salir, entramos en un supermercado que había al lado para comprar unos sándwiches envasados. De esta manera, pretendíamos aguantar el tirón de todo el día hasta la hora de la cena.

Acabamos comiéndonos aquellos tristes bocadillos de supermercado sentados, ni más ni menos, que en un escalón de estas famosas Escaleras.

Mujer sentada en las Escaleras de Selaron, comiéndose un bocadillo

Si os digo la verdad, esos bocados allí sentada me supieron a auténtica gloria. Sólo de pensar que estaba en el mítico Río de Janeiro, no necesitaba nada más en este mundo. Estaba junto a mi marido, comiéndome un sándwich en mitad de Brasil y a punto de celebrar mis 50 años junto al Perito Moreno, en Argentina ¿Qué más le podía pedir yo a la vida?

A veces, los momentos que más recuerdas de un viaje son momentos improvisados, comiendo en una acera  un sándwich de supermercado

Parada en la Catedral Metropolitana: la pirámide brutalista de Río

Tras visitar las coloridas Escaleras de Selarón, hicimos una parada que nos dejó completamente descolocados: la Catedral Metropolitana de San Sebastián.

Exterior de la Catedral Metropolitana de Río de Janeiro

Es un edificio que rompe los esquemas de cualquier iglesia que hayas visto en tu vida.

 Por fuera tiene forma de pirámide cónica y, siendo sincera, no es lo que uno llamaría «bonita». Está construida en un estilo brutalista a base de bloques de hormigón gris que resulta muy frío.

Sin embargo, el verdadero impacto llega al cruzar la puerta. El interior es precioso, diáfano y descomunal. Está dominado por cuatro impresionantes vidrieras de colores que recorren las paredes desde el suelo hasta el techo, convergiendo en una cruz transparente en lo alto de la cúpula. Como apenas había nadie en el templo, pudimos pasear con una tranquilidad absoluta y sacar fotos fantásticas.

Vidrieras  de la Catedral Metropolitana de Río de Janeiro
Personas sentadas en los bancos interiores de la Catedral Metropolitana de Río de Janeiro
Vidrieras  de la Catedral Metropolitana de Río de Janeiro

Al salir, Alina nos señaló una escultura muy peculiar: la estatua de un vagabundo durmiendo en un banco, tapado con una manta. Nos contó que se trata de la obra «Jesús sin hogar», un regalo del Papa Francisco a la ciudad de Río de Janeiro. Es una pieza con un mensaje social potentísimo que, viendo la realidad de las calles cariocas, te hace reflexionar de inmediato. Con esta sorpresa en el cuerpo, nos subimos a la van rumbo al plato fuerte del día.

Obra "Jesús sin hogar", regalo del Papa Francisco a la ciudad de Río de Janeiro

Cara a cara con el Cristo Redentor: un momento mágico

Nos dirigimos directamente hacia el Cerro del Corcovado, la imagen que todo el mundo asocia de inmediato con Brasil. Al haber tan poco turismo esa mañana por los rezagados de la tormenta, nos encontramos con un Corcovado despejado, algo rarísimo en este monumento a esa hora del día. Tras pasar por la «turistada» de rigor de hacernos las fotos frente a la pantalla verde donde luego te proyectan el fondo del Cristo, subimos a la cima.

Cristo Redentor del Cerro del Corcovado

Es imposible que una fotografía o una imagen de la televisión transmita la grandiosidad real del Cristo Redentor. Es una mole gigante, imponente. Cuando te plantas bajo su sombra, te quedas sin palabras. Me sentí diminuta. Posee una energía mágica y me impactó muchísimo más de lo que jamás hubiera esperado.

Las fotos hechas desde el propio Cerro del Corcovado no pueden demostrar la grandiosidad de la imagen, pues por la perspectiva es imposible. Por eso he buscado en internet esta foto que creo que sí que le hace justicia. A vista de pájaro, y comparando el tamaño de las personas con el Cristo, podréis comprobar su verdadera magnitud.

Cristo del Corcovado, en Río de Janeiro, a vista de pájaro, donde se ven las personas diminutas a su lado

Alina nos dejó tiempo libre para recorrer la zona a nuestro aire. Las vistas desde el Cerro del Corcovado son de las que te cortan la respiración: tienes literalmente toda la ciudad a tus pies. Desde allí arriba distinguíamos perfectamente la silueta del mítico estadio de Maracaná a un lado y, al otro, la preciosa Laguna Rodrigo de Freitas. Fue un momento maravilloso.

Vistas de Río de Janeiro desde el Cerro del Corcovado. Al fondo, el estadio de Maracaná
Ese edificio redondo es el Estadio de Maracaná
Laguna Rodrigo da Freitas vista desde el Cerro del Corcovado
Vistas de Río de Janeiro desde el Cerro del Corcovado

El contraste de Santa Teresa, Lapa y el mito de las favelas

Con la emoción todavía a flor de piel, bajamos del Corcovado para adentrarnos en los barrios de Santa Teresa y Lapa. Al cruzar las cuestas de Santa Teresa tuvimos la suerte de ver pasar el bondinho, el mítico tranvía amarillo de la ciudad.

Bonde (mítico tranvía amarillo) en Río de Janeiro

Alina hizo una parada en un mirador desde lo alto de Santa Teresa. Desde ese punto se contemplaba una panorámica perfecta de una favela. Es innegable que, vistas desde la distancia y debido al colorido de sus casas escalonadas en las laderas, resultan preciosas. Parecen una postal. Sin embargo, Alina se encargó de bajarnos a la realidad. Nos explicó detalladamente la peligrosidad que se esconde en su interior, cómo se vive realmente allí y nos desaconsejó por completo adentrarnos en ellas, advirtiéndonos de no visitarlas nunca por libre. Ni siquiera le hacían gracia a ella los tours guiados que se venden en internet.

Favela vista desde el barrio de Santa Teresa, Río de Janeiro

Continuando la ruta, descendimos hacia el barrio de Lapa. Allí pudimos contemplar los famosos Arcos de Lapa, el imponente acueducto colonial de la ciudad que impresiona por sus dimensiones.

Arcos de Lapa con la Catedral Metropolitana justo detrás, en Río de Janeiro

Tanto Lapa como Santa Teresa son barrios céntricos que hoy se sienten un poco dejados de la mano de Dios. Al mirar por la ventanilla se adivina que en la época colonial debieron de ser zonas señoriales preciosas llenas de palacetes, pero la realidad actual es la de unos vecindarios bastante abandonados. Con este choque de realidades en la retina, pusimos rumbo al último punto de nuestro tour.

Escaleras de Selaron vistas desde arriba, en Río de Janeiro
Calle de Río de Janeiro, con dos personas sentadas en butacas en medio de la calle

El broche de oro en el Pan de Azúcar: ¿es mejor el primer tramo?

La excursión terminaba con la subida al famoso Pan de Azúcar. Para llegar a la cima hay que coger un teleférico que se divide en dos tramos.

El primero te deja en el Morro de Urca, una colina algo más baja que el Pan de Azúcar, pero que ofrece una panorámica maravillosa de la bahía salpicada de barquitos.

Vista de Copacabana desde el Morro de Urca
Vista desde el Morro de Urca
Vista de la Bahía de Guanabara, desde el Morro de Urca

Para entonces el cielo ya se había encapotado. A pesar de que habíamos planificado la visita para la hora del atardecer, las nubes nos impidieron disfrutar de la puesta de sol. Aun así, el paisaje nos pareció precioso.

En el Morro de Urca hay bastante infraestructura: bares, restaurantes, tiendas y un enorme teatro. Al pasar por allí, Alina nos contó una anécdota tremenda: los turistas a los que les pilló la gran tormenta del día anterior, debido a que el teleférico dejó de funcionar por seguridad, tuvieron que quedarse refugiados dentro de este teatro durante un par de horas hasta que amainó. ¡Menudo susto!

Tras disfrutar de la zona, subimos al segundo tramo del teleférico para alcanzar la cumbre del Pan de Azúcar. Las vistas desde arriba son espectaculares, pero si tengo que ser completamente sincera, a mí me gustaron más las del Morro de Urca. Al estar el Pan de Azúcar a tanta altura, los detalles de la ciudad se difuminan un poco, mientras que desde el primer tramo todo se aprecia de forma mucho más nítida y cercana.

Vista del teleférico y de la ciudad de Río de Janeiro desde el Pan de Azúcar
Vista del teleférico y de la ciudad de Río de Janeiro desde el Pan de Azúcar

A pesar de ello, la estampa de Copacabana a lo lejos y la ciudad rodeada de esa vegetación tropical tan exuberante es una auténtica maravilla.

Vista del teleférico y de la ciudad de Río de Janeiro desde el Pan de Azúcar

Definitivamente os aconsejo hacer un tour organizado que incluya todo en un día si vais a pasar poco tiempo en la ciudad o si preferís dedicar el resto de los días a la playa o a visitar otros lugares no incluidos en este tour, como fue nuestro caso.

No os perdáis nuestra visita al Centro Histórico de Río de Janeiro por libre en nuestro segundo día en la ciudad


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